El Ocho

Y TODO ACABA COMO EMPEZÓ

Publicado por elocho en Julio 19, 2008

Con un final abierto a la imaginación del espectador acabó la última gran serie de Telecinco, Los Serrano. Ocho temporadas, cinco años en antena y 147 capítulos más tarde, Diego Serrano, tras una serie de fracasos personales a lo largo del último capítulo, se suicida, y de ahí hacia delante, lo que ocurre es objeto de debate. ¿Todo es un sueño? ¿La vida le da una segunda oportunidad? O quizá nada de eso. La propia página de Telecinco indica que “en este último capítulo unos nacen y otros… Diego no puede más. Su mayor ambición, mantener unida a su familia, se ve truncada definitivamente con la detención de Curro  y la emancipación de Guille y Teté. Solo, fracasado y completamente hundido decide poner fin a su dolor y volver con Lucía. Viaja a otro lugar, quizás a otro tiempo mejor, donde se reencuentra con los suyos tal y como siempre deseó”.

 

 

Más de tres millones y medio de espectadores siguieron las últimas andanzas de una serie que pasará a engrosar la lista de “series míticas” de la televisión española, junto a Farmacia de Guardia, Médico de Familia o Verano Azul, entre otras. Ha podido con médicos, policías, comunidades de vecinos…y ha aguantado el chaparrón de las críticas, cuando, de una forma evidente y normal, los guiones eran de peor calidad que los primeros, pero seguía manteniendo su origen de problemas algo alocados, líos impensables y soluciones que satisfacen a todos.

Han creado un lenguaje propio (como “mayormente”), hicieron reír a más de ocho millones de personas con “el otro lado de la acera” y “los puentes de Burundi”, haciendo el máximo histórico de la serie, y ha conseguido ser versionada o emitida originalmente en países como Francia, Italia o Portugal.

El final de Los Serrano tuvo un “pero”: la ausencia de Verónica Sánchez en el episodio más emotivo de la serie, tapada con una voz en off en el cuarto de baño al final del mismo. Siendo evidente que el tiempo ha pasado por todos sus protagonistas, la simulación de las imágenes del primer capítulo quedó un poco forzada, ya que volver a ver a Teté con las trencitas parecía no encajar mucho viendo ya su edad. Pero otra manera de hacerlo no existía, claro está.

 

Una nueva forma de hacer series en televisión salió a la luz el 22 de abril de 2003, cuando Antonio Resines (Diego Serrano) y Belén Rueda (Lucía Gómez) se casaron en la ficción, juntando a los incorregibles hijos de uno con las hijas pijas de la otra. Desde entonces pudimos ver cómo avanzaba, a trancas y barrancas, lo que sería la primera relación de la serie, entre Marcos Serrano (Fran Perea) y Eva Capdevila (Verónica Sánchez). Cuando éstos abandonaron la serie, las tramas principales pasaron a los pequeños, Guille (Víctor Elías) y Teté (Natalia Sánchez). Y a partir de aquí, la serie empezó a ser más enrevesada, perdiendo audiencia. La llegada de nuevos personajes creaba nuevas tramas, que enganchaba a los espectadores pero que no recuperaba a los de sus inicios. Hay que recordar que el mínimo de la serie fue de casi tres millones de espectadores (“El síndrome Sarkozy”), ya en el capítulo 138, algo que ya quisieran muchas series para ellas. La muerte del personaje de Lucía fue unos de los momentos más seguidos de los últimos episodios, pero no afianzó espectadores.

 

 

El 22 de mayo de este año, Telecinco anunciaba la grabación de la última temporada de la serie, que constaría de siete capítulos finales. Las bajadas de audiencia (la serie siempre superó el 20% de share, excepto en la séptima y penúltima temporada, donde se quedó “solo” en el 19,5%) provocaron que la productora crease un final digno –objetivo conseguido- para una serie que ha marcado un antes y un después en la televisión española. Los Serrano se van, no son echados como muchas otras series. El tiempo también ha pasado por ellos y es hora de dar paso a nuevos proyectos. Un réquiem por Los Serrano. Amén

 

 

Rubén V.

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ANATOMÍA DE GREY: AMOR, VIDA, MUERTE…

Publicado por elocho en Julio 19, 2008

 

            Dicen que no hay que fiarse de las apariencias y tienen razón. Hay series que puedes desear verlas porque has visto el anuncio en la televisión y tiene buena pinta, o porque te han hablado bien de ella, pero luego llega el momento de la verdad y “cataplum!”, te parece lo peor que has visto. Y en otro caso existen series que nunca pensaste que podrías ver y luego te han acabado enganchando. ¡Misterios de la vida!


            Yo no vengo a cambiar gustos televisivos, ni a crear nada nuevo, solo quiero hablaros, de vez en cuando, de alguna serie que quizás merezca la pena analizar porque podemos encontrar cosas escondidas.

            “Anatomía de Grey” es una serie que, en principio, lo que más llama la atención sea el entramado de líos amorosos que existe entre sus protagonistas y no niego que esto no sea importante, pero no es lo principal. Estos líos sirven para endulzar otro tema importante que es la vida y la muerte.

            Quizás “Anatomía de Grey” sea una serie predecesora de “Urgencias”, pero más endulzada. Lo que muestra la primera son unos personajes que pueden llegar a mantener relaciones sentimentales con compañeros de trabajo utilizando elementos de humor, cosa que faltaba en la segunda. Unos opinarán que “Urgencias” era más realista, que sus personajes y las historias no buscaban en cada capítulo ser tan empalagosas y tendrán razón, pero hay que tener en cuenta que han pasado bastante años de una serie a otra y el público busca nuevos argumentos que les distraigan. No quieren ver sólo casos de personas que mueren y de sufrimiento. Sin una serie es capaz de mostrar la fragilidad de la vida humana y de los sentimientos, ¿de verdad creen que hablamos de una serie poco real?

            Creo que hay pocos formatos en la actualidad que toquen temas como el amor, la amistad, el honor, la intimidad… unidos siempre a la vida y la muerte. Por eso esta serie tiene éxito entre el público español: porque entretiene mientras te muestra que no todo es tan fácil, que las cosas se rompen por pequeños movimientos que falles. Que no siempre todo está ahí. Quizás mañana todo se haya acabado.

           

Algunas claves de la serie

 

  • Fijarse en la introducción y en el prólogo en los que habla Meredith Grey, porque siempre tienen mucho que ofrecer.
  • La amistad entre Meredith y Yang.
  • Los casos de Izzy, que es la que más se involucra con los pacientes.
  • Meredith y Derek, la historia de amor más fuerte.
  • La proximidad y lo verídico que son los casos médicos.

           

           

            La cuarta temporada de “Anatomía de Grey” ha estado cortada por la huelga de guionistas. Hoy en día, la cadena Fox ha vuelto a emitir los capítulos que faltaban pero Cuatro está todavía esperando. Yo recomiendo que si podéis bajarla de Internet hacerlo, porque si las tres primeras temporadas fueron de levantar sentimientos dentro de uno mismo, esta cuarta no va a dejar indiferente.  

 

 

ROCÍO CAMPOS

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NUEVO TOUR DE FRANCIA, MISMO PROBLEMA

Publicado por elocho en Julio 19, 2008

 

Ha vuelto el Tour. Ha vuelto el dopaje. 3 casos esta semana han vuelto a empañar uno de los deportes más bellos de ver (en etapas de crono y montaña) como es el ciclismo. Y lo peor es que dos de los casos son españoles: Triki Beltrán y Moisés Dueñas. El tercero era el más importante a la hora de la clasificación general. El italiano Ricardo Riccò, vencedor de dos etapas de montaña del Tour, dio positivo por EPO, y su equipo, Saunier Duval, ha decidido abandonar la ronda gala, llevándose por delante a otros dos ciclistas, el español Juanjo Cobo y el italiano Leonardo Piepoli, que dieron una exhibición en Hautacam, y que no tienen, a priori, culpa alguna de que su compañero haya hecho lo que hizo. Con los positivos de Beltrán y Dueñas, el ciclismo español vuelve a quedar empañado, cuando está en un gran momento. Los dos últimos vencedores del Tour fueron españoles, gracias en parte a que la organización “piyó” a Floyd Landis (2006) y Michael Rasmussen (2007), que utilizaron la técnica de las “trampas” para tratar de vencer.

 

Y este año teníamos grandes esperanzas puestas en Alejandro Valverde, que todavía puede “resucitar” en un buen día de montaña, y en Carlos Sastre, que siempre está ahí desde el Tour de 2006. Y la respuesta de la UCI, del Tour y de la prensa francesa a estos éxitos es que el dopaje va en la sangre española, ocultando el miedo que tienen a que un país monopolice la mejor carrera ciclista del mundo. A falta de pruebas, buenos son los rumores. Pero esto no es nuevo en Francia; cuando el siete veces campeón del Tour, Lance Armstrong, estaba en activo, las dudas sobre la capacidad ganadora de un ciclista iban hacia él, siendo siempre infundadas, nunca con pruebas reales. Ahora los positivos de Beltrán y Dueñas, como digo, empañarán todo lo que hagan, o han hecho como en el caso de Contador, vencedor del Giro de este año, los españoles. Pero hay una duda aún mayor; ¿por qué los equipos, normalmente, se desentienden de sus ciclistas? Algo tendrá que decir el médico del equipo, ¿no? ¿O ya nadie recuerda el “caso Festina” de hace 10 años?

 

Los fracasos deportivos de un país se suelen tapar, como todo en la vida, echando la culpa a otros, y Francia de eso sabe mucho, ya que el último francés que ganó su competición fue Bernard Hinault, en el 85. Aunque también es cierto que los campeones de los últimos años están bajo la sombra del EPO y otras sustancias. Bjarne Riis (96), Jan Ullrich (97), el fallecido Marco Pantani (98 ) y los ya mencionados Landis y Rasmussen, que fueron atrapados a tiempo (el Tour de Landis fue adjudicado a Pereiro un año más tarde), son quienes ensombrecen los triunfos legales de los demás.

 

Pero no hay que dejarse llevar. Tenemos que creer en un ciclismo limpio, donde los españoles somos de los mejores, siempre dando guerra, y tenemos que apoyar a los nuestros, puesto que, hasta que no se demuestre lo contrario, ninguno de ellos se toma la legalidad por su mano. Ni se toma otras cosas, claro. Son muchos palos en la historia de este deporte: Heras, Vinokourov, Basso… son otros casos de campeones dopados, y es entendible la postura de quien cree que algo tienen que hacer para soportar tantos kilómetros. Pero ese no debe ser nunca un motivo para no creer en los demás, en Evans, en Contador, en Sastre, en Menchov… todos ellos cuentan y nos ofrecen bellos espectáculos. No nos dejemos llevar por tres casos (y los que queden, que esperemos sean muy pocos o ninguno) y sigamos confiando en todos y cada uno de los ciclistas que nos quitan (o nos dan) la siesta en verano. ¿La solución? Médicos profesionales de la UCI en todos los equipos sería una de ellas, aunque la gente es corrompible siempre. Pero algo hay que hacer para que el ciclismo no se acabe por culpa de las drogas.

 

Rubén V.

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