TROYA ESTABA EN TURQUÍA

 

Ahora que el temporal del cambio, y no nos referimos al climático, está sacudiendo el norte africano desde Túnez hasta los emiratos árabes, viene espontáneamente al recuerdo el viaje que hicimos los abajo firmantes hace pocos meses a Turquía con ocasión del 52 congreso de la FIJET.

Esta Federación, que reúne a escritores y periodistas especializados en temas culturales y turísticos de casi todos los países del mundo, ya había celebrado hacía muy pocos años, un congreso anterior en Estambul. La cercanía temporal entre ambos encuentros permite captar más fácilmente los cambios que se han producido en esta gran ciudad turca en menos de un lustro.

No hace falta ser muy perspicaz para advertir que en este breve periodo esta ciudad que, con más motivo que ninguna otra del mundo, puede presumir de ser  un encuentro de continentes y de civilizaciones, ha experimentado una evolución impresionante. Como si las turbulencias de la gran crisis económica y financiera que sacude al planeta no fueran con ella.

 

El viajero observador puede certificar que la flota automovilística se ha renovado, que en los escaparates de las tiendas luce la última moda, que los precios han subido para los turistas, que ya no se encuentra tan fácilmente como antes la ocasión, que los chollos de las falsificaciones no lo son tanto, que la circulación sigue siendo caótica pero ha ganado en racionalidad… Y, lo que es más importante, que las indumentarias femeninas no han retrocedido, al menos no todavía, a las vestimentas de la Edad Media tan frecuentes en otros países de influencia musulmana.

Santa Sofía sigue siendo la referencia de esta ciudad encantada, populosa y fascinante, capital de una nación cuya parte europea apenas si es un reducto frente a la península anatólica, pero cuya cultura subyacente, oculta bajo los monumentos, forma parte integrante de la historia occidental, grecorromana y cristiana.

Turquía avanza por la senda del progreso económico, orientada a la consolidación de un bienestar que, no siendo por ahora del nivel centroeuropeo, es muy superior al de la mayoría de los países árabes. No se atisban tampoco signos de que pueda haber un fortalecimiento de ese espíritu contaminante y totalitario que impregna a las culturas musulmanas de fanatismo, intransigencia y beligerancia.

 

El temor surge viendo la gran convulsión que estos días sacude el sur del Mediterráneo. La necesidad de contener la epidemia ha de alimentar las precauciones para preservar a Turquía del contagio. Turquía puede ser tanto una muralla si se vigila bien, como un caballo de Troya de un movimiento de consecuencias imprevisibles. Y recuérdese que Troya, junto a los Dardanelos,  hoy sería turca.

Luis Núñez Ladevéze

Pilar Canal Yubero

Fijet España

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