ADIOS A LOS TOROS EN CATALUÑA DESDE EL 1 DE ENERO DEL 2012

 

José Tomás ya no volverá a torear en La Monumental de Barcelona, su plaza favorita. Y todo gracias a la decisión del parlamento catalán de prohibir las corridas de toros en Cataluña, una decisión muy polémica, ya que divide, en gran medida, a la gente en pro taurina y anti taurina. Pero, como dice el refrán, en la mitad está la virtud. ¿Por qué prohibir algo que lo ve quien quiere verlo? El anti taurino defiende su postura aduciendo que el animal sufre, y que su sufrimiento se convierte en espectáculo. ¿Y la pesca? ¿Nadie se plantea prohibirla? El pez muere asfixiado tras ser cazado con un anzuelo, que estoy convencido de que le hace daño. Espero que esos anti taurinos acérrimos no coman jamón, ya que el cerdo no nos “da” su carne gustosamente. Además, ¿qué pasa con el correbous? Esa fiesta en la que el toro es golpeado con lo que quiere cada asistente, esa fiesta típica en muchos pueblos catalanes que acaba a veces con el toro en el agua. Solo las asociaciones que luchan contra el maltrato al animal luchan por erradicar también esos festejos, realmente salvajes. Pero no todos los catalanes lo ven así, sino que lo ven como una tradición típicamente catalana, no como el toreo. Entonces, ¿es por el animal o por la identidad española que adquiere una corrida de toros?

Por otra parte, ¿por qué hay un empeño en colocar al toreo en la cúspide de la cultura española? Para ser un verdadero español, te tienen que gustar los toros, o eso piensan algunos, que ven la ruptura de España, otra vez, en esta decisión del parlamento catalán. Una decisión muy reñida que tuvo 68 votos a favor de la abolición por 55 en contra y 9 abstenciones. Pero el anticatalanismo y el antiespañolismo llevan al mismo lugar, a la reivindicación de cosas absurdas. Al sectarismo. Al “yo soy mejor que tú” por el simple hecho de sentirme de tal o cual manera. Y ese no es, ni será nunca, el camino que debe seguirse. En la libertad de que no te guste algo, está la libertad de no ir. Y aquí ocurre lo mismo. Si no te gustan, no vayas. No afecta a la salud pública de nadie, y, además, en Cataluña los toros se hubiesen acabado extinguiendo por sí mismos. Solo 18 corridas en 2009, todas ellas en La Monumental de Barcelona, es el reguero que deja el mundo taurino en dicha Comunidad. 18 corridas. Un número muy alejado de las 257 celebradas en Madrid o las 276 celebradas en Andalucía. Además, ¿todo este revuelo por qué no se produjo cuando en 1991 Canarias hizo la misma prohibición? Con el voto del Partido Popular a favor de aquello, por cierto. Dos varas distintas para la misma medida. Pero claro, ahora es en Cataluña. Por cierto, el impulsor de aquella medida, Miguel Cabrera, es diputado del PP en el parlamento canario y está a favor de la medida anti taurina de Cataluña. ¿También piensa en romper España?

Prohibir por sentirse distinto es estúpido, y más cuando no afecta realmente a la salud pública. El mundo del toreo ha ido decayendo en los últimos 10 años, como muestran los números. En 1999 hubo 1.897 festejos taurinos, una cifra que ascendió en 2007 hasta las 2.174 corridas. Pero los dos últimos años fue a peor. En 2008, el número fue de 1.877, y el pasado año se quedó en 1.443 corridas de toros. Y a buen seguro que ese número va a ir descendiendo poco a poco, año a año.  En Cataluña es un movimiento, el taurino, bastante residual. Solo José Tomás, desde su reaparición, ha llenado esa plaza, La Monumental de Barcelona, en los últimos tiempos.

Rubén V.

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