¿Y si España gana el Mundial?

 

Soy un tipo extraño en cuanto a sentimientos en esto del fútbol. Lo admito. Me preocupa más el cómo que el qué. Tengo simpatía por muchos equipos. Idolatro a jugadores de los equipos que más rechazo me producen. Y por encima de cualquiera sitúo a la Selección Española, que me produce más emoción y sensación de pertenencia que cualquier club. Eso sí, respeto lo contrario, aunque sea incapaz de compartirlo.

Soy capaz de animar un sábado al medio día a mi equipo inglés, por la tarde a uno de los que tengo simpatía en España- simpatía se traduce que soy abonado de dicho equipo-, el domingo por la mañana hacerlo con mi equipo de segunda y el domingo por la tarde frente al televisor hacerlo con mi equipo en la Liga española.

Quizá estoy muy influido por mi equipo inglés, el Liverpool, que consiguió las mayores de sus glorias cuando menos creía en ellas, eso sí, sin dejar ni un momento de estar la afición apoyando incluso cuando ni se rozaba el éxito. Tú eres de Anfield, de The Kop y oye si ganan los reds estas que lo tiras, pero si no lo hacen estás igual de orgulloso de ellos.

Es una relación especial. Mi equipo – el equipo del que soy más seguidor aquí en la Liga española- jugaba hace unos años los cuartos de final de la Liga de Campeones. Se enfrentaba ante un equipo inglés. Ellos eran muy superiores físicamente y en calidad global. Pese a ello, habíamos hecho un partido de ida, allí en el Reino Unido, que fue espectacular. Nos trajimos un empate a uno, pero aquí nos pasaron por encima. Pues ese día ha sido uno de los mejores que he vivido como seguidor. Fue tanto lo que dio mi equipo ese día pese a perder que el sentimiento de orgullo que sentí estaba por encima de lo que había pasado, de la derrota. Los jugadores murieron en el campo –en entrega física y también de técnica- y eso fue lo importante.

 

Por todo esto, mientras la Selección española jugaba contra Portugal en los octavos de final de este Mundial de Sudáfrica, pensaba que aunque me estaba desgañitando de los nervios y sin dejar de quejarme de si tal o cual acertaba con un pase, pasase lo que pasase iba a estar orgulloso cuando el árbitro pitará el final del partido. El equipo estaba siendo fiel a si mismo. Intentándolo de todas las formas posibles e incluso equivocándose en algunas cosas. Pero así si se puede perder. La historia ya la sabéis, al final España ganó y yo que estoy nervioso incluso cuando La Roja juega contra Liechestein en la fase de clasificación, me sentí seguramente tan orgulloso como un padre de su hijo.

Es lo que tiene amar al fútbol en sí por encima de un equipo o de un resultado. He conseguido emocionarme más por un cántico de la afición antes de empezar un partido o por la sonrisa especial de un jugador saliendo del túnel de vestuario, que por un éxito deportivo. Aunque debo explicar que para mí, el fútbol tiene una indescriptible unión con la vida real. Como un espejo. Y en la vida el éxito también se disfruta, es la leche vamos. Pero no siempre se gana, no siempre se tiene talento y calidad, en la vida me refiero, por lo tanto en el fútbol tampoco. No olvidaré nunca lo vivido este año, miles de aficionados del Atlético de Madrid en las gradas del Camp Nou cantándole a su equipo y animándolo pese haber perdido la final de Copa del Rey ante el Sevilla. ¿Conformismo? ¿Perdedores? Que va, algo mucho más especial, más sentimental.

Como dice un amigo, a veces el propio fútbol es lo menos importante del fútbol. Todo lo que le rodea lo hace especial. Por eso siempre es atractivo, porque siempre es diferente. Por eso también cuesta entender como puede haber gente que lo use como excusa para hacer el vándalo o el criminal, como bien explica Nick Hornby en su indispensable libro Fiebre en las gradas. (Explica muchas más cosas, cualquier amante del deporte rey debe leérselo si o si).

Y debo admitirlo, tengo fiebre de fútbol. Por ello, si España no llega a ganar el Mundial –sólo decirlo me hace encogerme- pero lo da todo, me sentiré orgulloso de lo que me ha hecho disfrutar esta selección con su juego, sus victorias.

¿Y si lo gana? ……………. –Me acabo de quedar mirando la pantalla del ordenador, en vacío, en silencio. Flipando de sólo imaginarlo, porque este equipo puede hacerlo. Me quedo sin palabras.

Jesús Ruiz

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