Tenemos la receta de la poción mágica de Asterix

 

 Estudiar = Aburrimiento, es una fórmula habitual. Tanto que aquel que suele descolgarse con otra solución cuando menos, y sobre todo si hablamos en el mundo de la educación secundaria obligatoria y la posterior, es tratado de empollón.

 

Y además de ser una ecuación frecuente, podemos constatar que sigue tan vigente, o más, que en décadas pasadas. La sociedad actual ha llevado a que las juventudes/infancias y adolescentes especialmente, unan el concepto de diversión con la televisión, los videojuegos o Internet si hablamos del hogar y de emborracharse y salir de marcha si hablamos más allá de las puertas de casa (en adolescentes sobre todo). Unir, por ejemplo, la lectura con el divertimento es una quimera difícil incluso aunque padres o profesores pongan mucho hincapié de su parte. Así que hablar de estudio a cualquier estudiante actual es para que se te eche a temblar.

Ante esto, no es extraño admitir que a partir de esta frase podríamos empezar a analizar y criticar planes de estudios, políticas educativas de los gobiernos, ayudas, etc. Pero no, la siguiente frase es esta: Tenemos la receta de la poción mágica para remediarlo. Si, la poción mágica. La de Asterix. Ese héroe galo que lleva cincuenta años, acompañado de su inseparable amigo Obelix, tomando la poción para, entre otras cosas, liarse a mamporros con los ‘pobres’ romanos que extendían y controlaban el vasto imperio de Roma. Pues el pequeño galo (hay que destacar lo majo que se hace Asterix con su corta altura) tiene la receta de esa poción que también sería capaz de hacer el estudio más divertido. Bueno, Asterix no, perdón. El que realmente la tiene es el Druida Panoramix: ese crack, ese fenómeno. Guía espiritual, mago y consejero de la aldea gala, que era el único lugar de la Galia (Francia actual) que no estaba bajo el yugo del imperio romano. ¿Cómo puede ser esto? ¿Es posible que este que escribe se haya vuelto loco? Pues no, quizá algo alegremente trastocado como Asurancetúrix, el bardo, que con su desafinada lira si que volvía locos a los demás galos. Y también quizá, algo envalentonado como el viejo Edadepiédrix que pese a sus carencias físicas por su edad nada temía, sobre todo tras rejuvenecer con la poción.

 

Hablaba de fórmulas al comienzo pero de recetas ahora. Mucho más sencillo por supuesto, pues ¿qué puede haber más fácil para hacer entretenido y divertido el estudio que algo que lo sea? Y eso es Asterix y otros muchos comics o libros de aventuras (Tintín se me viene ala cabeza) y de otros géneros que van dedicados a jóvenes o incluso a  todos los públicos, y que se tienen como ocio en vez de cómo educación. Claro está que estudiantes de 4º de la ESO no van a tener por obligación (aunque alguna vez podría caer) que leer a Asterix, pero tal vez si lo hubiesen de leído de pequeños en clase no se tendría un concepto tan negativo del estudio y del aprendizaje. Y si, es cierto que se leen cuentos en la educación infantil y que los libros de texto van indicados también a llamar la atención de forma visual a los niños, pero hay que mirar más adelante. Justo en ese momento en el que el niño pasa a ser adolescente. Cuando el estudio pasa a ser de entretenido a tostonazo. No hay porque eliminar el espíritu infantil de la enseñanza pese a que vayan aumentando el nivel de los estudios. Esto no debería pasar ni en los estudios ni en la vida. Pues con estos ingredientes ya tenemos la receta.

¡Ah! Y para todo aquel descreído, aunque sea adulto ya, que coja un álbum de Asterix. Que vea como ese personaje que acaba de cumplir el pasado 29 de octubre 50 años y que inventaron Albert Uderzo, dibujando, y René Goscinny, escribiendo, es tremendamente divertido y divulgativo. En lo histórico, por poner un ejemplo de algo necesario para el conocimiento general, tenemos entre otras cosas para aprender culturas como la egipcia, la goda, la íbera, normanda, romana, gala y vikinga. Pero es que en valores de la persona también podemos sacar la bondad de Obelix, la inteligencia de Asterix, la sabiduría de Panoramix, o la humildad de un grandísimo, que también desastrosamente altanero a momentos, jefe como Abraracúrcix y como no, la increíble gama de valores humanos que demuestra el pequeño gran Ideafix, el perro de Obelix, el más y menos persona a la vez. Debe reconocer que acabo de releer este sencillo artículo antes de publicarlo y a lo mejor si me trasladase cerca de cincuenta años antes de Cristo a la aldea gala y le contase esto al ‘rellenito’ de Obelix, seguramente me diría: ¡Están locos estos de El Ocho!

Jesús Ruiz

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