ORDET. La palabra

 La historia, ambientada alrededor de 1930, trascurre en el seno de una familia acomodada. Entre los miembros de la familia, destaca indudablemente Johannes, un joven aparentemente trastornado tras sus férreos estudios religiosos, en concreto, de su admiración hacia el filósofo Kierkegaard.

 

Cuando Johannes entra a escena, todo se congela. Su voz y su mirada perdida, fruto de su desequilibrio, marcan gran parte de la carga dramática de la película.

La locura que tiene Johannes es creerse Dios. Sus apariciones, a paso lento, van acompañadas de palabras proféticas, advertencias, y citas religiosas que todos ignoran. Todos menos la pequeña de la casa, quien parece tener una sintonía especial con su tío, y éste parece doblegarse cuando habla con ella.

 

La película, obviamente en blanco y negro, posee una grandeza visual enorme, ya que juega con las luces de tal manera que los rostros se iluminan y la mirada se dirige a donde el director desea. Observamos, también, algún plano secuencia digno de mención por la riqueza narrativa que expresa, así como un sutil uso del movimiento. La película en sí quiere ser lenta: en los diálogos, en los andares…quizá para que podamos centrarnos en todo lo que nos ofrece. Los decorados se centran en muy pocas localizaciones, dotando a la película de una gran sobriedad.

La música, a cargo de Paul Schierben, marca el ritmo de la película pero se utiliza con suma delicadeza. Muchos de los sonidos provienen de los animales o de la naturaleza que rodea la vivienda.

 

Esta historia contiene símbolos desde el principio hasta el final. El carácter de dichos símbolos es a menudo religioso, y en algún momento es algo desconcertante ya que la fe de la familia no es desmesurada, es tan discreta que puede interpretarse como inexistente. De hecho, en ocasiones hacen comentarios sarcásticos acerca de la Iglesia y tienen discrepancias con dl sastre del pueblo, a quien se le caracteriza con una religiosidad extrema y sectaria. Aunque lo que Dreyer quiere mostrar es que realmente hay fe en aquellos que no hacen muchas ostentaciones de ella, y que aflora por exigencias de la propia vida, que nos pone pruebas.

 

Pero también hay otros símbolos en la historia que a veces son tan leves que podrían pasar inadvertidos: mediante la figura del médico y del párroco del pueblo se abordan temas como las relaciones entre ciencia y religión; y, por otro lado, la enorme carga que tiene el reloj en la película; Johannes se refiere a un reloj de arena en algunos de sus discursos, pero luego veremos cómo en los momentos más críticos las escenas están compuestas por un marido desolado, un padre afligido y un reloj de pared que incesantemente va y viene de izquierda a derecha haciendo que el espectador centre su atención en él, en el único atisbo de movimiento de las gélidas escenas.

Posteriormente, cuando por fin se realiza el milagro, palabra ésta empleada en muchos de los diálogos de la película, el reloj -que previamente detuvo el marido de Inger cuando él interpretó que se detuvo el tiempo- vuelve a escena. Y nuevamente es el marido de Inger quien lo pone en marcha.

 

Las miradas también son algo destacable de la película. En numerosas escenas, los personajes podría parecer que reflexionen consigo mismo en lugar de hablar con el otro. Rara vez cruzan miradas, predominan los planos casi simétricos en los que vemos a dos personajes, sentados frente a la cámara, con una lámpara en medio y con la mirada hacia el suelo. Éste es otro mérito que hay que darle a la fotografía del film.

Sabemos que la película está basada en una obra de teatro, y a veces parece que los personajes estén contaminados de este ambiente teatral, sobre todo a la hora de salir y entrar a escena.

 

Quizá el desenlace de la película sea previsible, pero creo que era necesario. Porque es ahí donde Dreyer quiere poner el acento sobre lo realmente importante de la fe, y lo hace delante de la iglesia, de la medicina y de los agnósticos sin necesidad de armar revuelo.

Me ha parecido, por tanto, una bonita historia de amor salpimentada con cuestiones metafísicas acerca de la fe, la religión, la existencia o no de los milagros y la pugna entre ideologías.

 

 

Título original: Ordet

Año: 1955

Duración: 125 minutos

País: Dinamarca

Director: Carl Theodor Drever

Guión: Carl Theodor Drever (Obra de teatro: Kaj Munk)

Música: Paul Schierben

Fotografía: Henning Bendsten (B&W)

Reparto: Henrik Malberg, Emil Hass Christensen, Preben Lerdorff, Cay Kristiansen, Brigitte Federspiel, Ann Elizabeth, Einer Federspiel, Sylvia Eckhausen, Gerda Nielsen

Productora: Palladium Films

 

 

 BG

 

 

 

 

 

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