BIENVENIDO MR. OBAMA

obamaEsta semana, Barack Obama juró su cargo como presidente de los Estados Unidos, y lo hizo en medio de una gran parafernalia que congregó a más de dos millones de estadounidenses en las calles de Washington.

Y digo parafernalia por que fue un auténtico despliegue de medios para algo que en España se hace de una forma más ‘íntima’ con una recepción Real al nuevo equipo de gobierno. Pero no, los Estados Unidos son así, diferentes, y como son diferentes tienen que invitar a un pastor evangélico -amigo personal de Obama- para que haga un discurso y dé su bendición. Como son distintos al resto, invitan a la cantante Aretha Franklin para que cante minutos antes del juramento de Joe Biden -vicepresidente- y de Obama. Como son distintos, y parece que muy familiares, en el escenario sitúan a toda la familia: Michelle Obama, mujer de Barack, y sus hijas Malia y Sasha, de diez y siete años respectivamente, además de los padres del nuevo presidente, su abuela keniata y algún que otro familiar más. Aquí no se conoce públicamente a las hijas de Zapatero o Rajoy, pero Estados Unidos es diferente. A la fiesta acudieron Bush padre y Bush hijo con sus respectivas esposas, acudió también Bill Clinton con su mujer Hilary, algo normal puesto que ésta forma parte del nuevo gobierno y acudieron una gran terna de senadores, como una senadora californiana que hacía las veces de ‘presentadora’ del espectáculo. Hasta tenían un ‘speaker’ que iba presentando a Biden y Obama como si se tratase de Lebron James o Kobe Bryant -conocidos jugadores de la NBA-. Pero todo eso formó parte de la parafernalia. Lo verdaderamente importante llegó cuando la esperanza de todo el mundo, Obama, leyó su discurso. Empezó agradeciendo a Bush su labor como presidente en los últimos ocho años, pero luego le dio una serie de ‘palos’ seguidos a su administración con frases como “nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era”, en la que banqueros, empresarios y el ‘gobierno Bush’ salen escaldados. Obama cayó en el gran error en el que caen, parece ser, la inmensa mayoría de los estadounidenses.

Habló a América, olvidando que Canadá, México, Honduras, Venezuela, Argentina, Chile…y un largo etcétera son países independientes a los que Obama, y por ende Estados Unidos, influye en mayor o menor nivel.

Habló Obama sobre la grandeza de su país, que la tiene y mucha, y dijo que esa grandeza no era un regalo, que había que ganársela. Y está en lo cierto. El ser anti-Estados Unidos se ha convertido en una ‘religión’ para mucha gente del mundo occidental, pero ese ser ‘anti’ venía dado por las decisiones nefastas de un gobierno arrogante y egoísta, que, por suerte, parece que Obama va a cambiar. De hecho, el pasado miércoles ordenó suspender durante 120 días todos los juicios que se celebran en la cárcel de Guantánamo, hasta que se aclare y revise el futuro que dicha cárcel va a tener, que parece ser muy oscuro. Ese puede ser uno de los primeros grandes pasos para devolver a Estados Unidos esa grandeza de la que habla, y ese respeto hacia el país que más poder maneja en todo el mundo. Pero le queda mucho camino por recorrer.

Habló también de un punto que puede pasar desapercibido pero que es muy importante: el intervencionismo. Obama dijo que “esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos”, recordando que el autocontrol del mercado está demostrado que falla y que solo hace más ricos a los ricos.

La parte más importante del discurso recayó en sus relaciones con los demás Estados. Primero se apresuró a decir que “empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán” y que “trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear -clara referencia a Irán- y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta”. Tuvo mensajes también para los musulmanes y los países tercermundistas. Al mundo musulmán le dijo que “buscamos un nuevo camino hacia delante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto”. En este punto debería empezar por mirar al conflicto palestino-israelí lo más pronto posible. Para los países del Tercer Mundo, Obama dejó claro que “nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias”.

Tras hablar después de la libertad y los valores estadounidenses, Barack Obama acabó con el clásico “que Dios os bendiga. Que Dios bendiga a América”, con el que parece que se acaba todo discurso en Estados Unidos. Toda la sociedad espera que Obama sea la gran esperanza de un cambio radical al sistema actual, tanto en su país como en la relación con la Unión Europea, con Iberoamérica, con los países árabes y musulmanes, etcétera. Ahora sólo hay que esperar y trabajar hasta que en noviembre de 2012 se vean los resultados de todas estas promesas.

 

Rubén V.

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