40 años del concierto en la azotea de The Beatles, su última actuación

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30 de Enero. Londres. 1969. ¡Un día gris! ¡Como no!. Para variar, las nubes cubrían el entristecido perpetuo cielo londinense. Estaba siendo un frió y largo invierno. Os aseguró que cuesta mucho más ir a trabajar en estas condiciones que si lo hicieras en las Bahamas. Pero que remedio, hay que trabajar.

 

La noche de antes estuve hasta las tantas de la madrugada escuchando música y bebiendo. Sólo. Suena cutre, lo es. Pero la mañana de antes, del día 29, cumplía un año con la chica que estaba saliendo, Jane. Y me dejó. El mismo día del aniversario. La razón: no estaba enamorado de ella, pero es que soy perezoso para romper yo las relaciones, que se le va a hacer. Aún así me dolió. Hacia un mes me había pillado tonteando (inocentemente lo prometo) con una recepcionista de un hotel en Escocia donde fuimos de vacaciones. Desde aquello la cosa no había ido bien. Pero bueno, tampoco les voy a contar mi vida privada. El caso, es que la mezcla de la música y del whisky, me hacían llegar tarde al trabajo. Pero que muy tarde. Tenía excusa eso sí. El día de antes mis compañeros no solo percibieron mi flojo estado de ánimo, si no, un catarro cateladricio que había cogido esa semana. Me deja la novia, con catarro y aun así fui a trabajar. ¡What milks! Podía llegar al día siguiente un poco tarde. Dos o tres horas, no más.  Debo decir que no tengo coche, andando tardo como media hora a mi trabajo, tengo el autobús de la línea 9 cerca pero me gusta pasear.

 

72801c095ecb0956f7d2fb0e7303b9aa_mTrabajo en la calle Saville Row, en el número 8. Entre el Hyde Park y la mítica Abbey Road, conocida por el famoso paso de cebra de The Beatles, donde tenían su estudio de grabación. Pero vamos, que ni vivo en una de las residenciales casas de la zona de Abbey Road, por donde suelo pasear imaginándome con 64 años, mujer,hijos,nietos y perros y enamorado de la vida, ni en uno de los lujosos pisos de la parte de Saville Row muy cercana al Picadilly Circus. Vivo en un piso coqueto pero humilde. Eso si, caro, pero la verdad es que he tenido suerte con mi trabajo. Ready, steady, go! Es una prestigiosa firma de todo un poco. Ya saben, ropa, publicidad, lujos, algo de música y otras cosas. Estos tipos de empresas están muy de moda en estos años finales de los 60.  Y yo me dedico pues…digamos que soy chico para todo, pero mi función vital en la vida, es tirando a periodista, por ser músico frustrado. Lo que más hago son pequeñas notas sobre la empresa, partes de publicidad, slogans, etc. Mi jefa, Vicky Whitman, era una mujer muy bien considerada en los círculos culturales y económicos de Londres, y en especial de la moda. Seguramente un poco de bronca me caería al llegar.

 

Me atuse mi pelo marrón, salí a la calle, encendí un cigarrillo y comencé a andar. ¡Que día más gris por God! Y muy frió. Llevaba mi traje para el trabajo y la corbata y la camisa ayudaban poco a mi abrigo que era más bien de otoño. Pero tenía una sensación. Llegando a la esquina de Saville Row, comencé a oír bastante ruido, incluso música. Muy raro para Londres. Aquí no ocurre nada que no este programado: tráfico, trabajo, colegios, autobuses y lluvia y más lluvia. Lluvia programada. Pero nada de alboroto y menos música a ese volumen. Es cierto, que con los hippies, el rock y el rollo del 68, de vez en cuando había manifestaciones e improvisaciones. Pero lo que sonaba parecía como un concierto civilizado. Según avance por la calle ya era evidente. Justo delante de nuestra fachada había gente mirando hacia lo alto del edificio de la acera de enfrente. Y sonaba música. Vale, ya me lo imaginé. The Beatles. ¡Como no había caído antes!

 

En el número 3 de nuestra calle, tenían la sede de su productora, Apple. Durante el último mes se les había visto varias veces entrar allí. Era más fácil esconder un pony que a un beatle. Pero desde que los vi hacia 5 años en un concierto de su Liverpool natal (donde tengo familia), había echado pestes del fenómeno fan y de aquello de chillar por un grupo de música, por lo que no quise molestarles, además mi jefa decía tener relación con el bueno de McCartney, y no quería hacer el ridículo.

 

Estaba claro que algo había montado. Se rumoreaba algo sobre una película, pero también se decía que podían separarse. Todo el mundo hablaba de The Beatles. Eran casi más famosos que Jesucristo. “¿Dónde vas tío? ¿Qué hora son estas?, me chilló mi compañero de trabajo, Pete.

-Puff, es que…

“Calla y ven anda. Vamos al tejado, The Beatles están dando un concierto en su azotea, es increíble”, comentó mientras me agarraba y esquivaba  a la multitud que se agolpaba en la calle mirando al cielo. Subíamos las escaleras todos los de la empresa. “Get back, get back…”, se oía de fondo con la música. Que bien sonaba. “¿Pero no decidieron hace 4 años no volver a tocar nunca en directo?, pregunte mientras dejaba saltaba escalones.

 

Al llegar arriba rápidamente observé en el edificio de enfrente a una multitud que rodeaba a cuatro individuos con instrumentos.

La noche anterior me quede dormido mientras escuchaba en el tocadiscos el Álbum Blanco de The Beatles, publicado meses antes, y esa mañana del día 30 de Enero veía como John, Paul, George y Ringo , acompañados por Billy Preston al piano, tocaban para el cielo y para el público que había paralizado Londres por verlos o al menos oírlos.

Será su ultimo actuación, pero eso nos e sabia. En un año se separarían tras dos discos más. No eran aquellos chicos de 20 años con flequillo y que cantaban el “Love, Love me do”. Estaban mucho más maduros y más separados, pero eran The Beatles. Capaces de no dejarme caer por una resaca, un catarro, el frió, un trabajo, el desamor, ni por nada de la vida.

 

Podía ver el bamboleo de McCartney al bajo, la postura encorvada de Harrison, el cabeceo de Ringo y, como no, oír la inconfundible voz de Lennon.

Fueron 42 minutos de concierto, pero me parecieron 10. Fue maravilloso, sonaban genial y estaban haciendo algo único. De repente llegó la policía y les obligó a terminar. Algún vecino había alertado del escándalo. Una lastima. Volvieron a tocar Get Back, y oí como John para despedirse  decía: “Me gustaría agradecer en nombre del grupo y esperamos haber pasado la audición.” Si, la pasaron señor Lennon. Y empecé a aplaudir.

 

 

 

 

 

 

 

Ramon

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Comments
One Response to “40 años del concierto en la azotea de The Beatles, su última actuación”
  1. Ra dice:

    Entrañable… De quién es el texto?

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