SOBRE OBAMA, DEMOCRACIA E HIPOCRESÍAS

Barack Obama se ha convertido en el primer Presidente negro de los Estados Unidos. Aquí la mayoría de la sociedad lo hemos aplaudido, ya que creemos que puede cambiar realmente el mundo, o al menos la percepción que tiene Estados Unidos del mundo. Personalmente creo que Obama pretende acercar su país a Europa, sacando las tropas de Irak y creando un sistema sanitario similar a la seguridad social, lo que hará un país más colectivo y menos individualizado. Además, con el cambio de republicano a demócrata, hemos ganado todos en tranquilidad, o eso esperamos. Y sobre todo, le decimos adiós a George W. Bush, al que, por desgracia, nunca olvidaremos.

 

Pero, ¿qué ocurriría en España? Es evidente que la sociedad estadounidense y la sociedad española son muy diferentes, ya que aquí hay poca población de color nativa (de momento), pero la comparación se puede hacer sobre otros colectivos que han estado despreciados socialmente durante muchísimos siglos. Por ejemplo, los homosexuales, las mujeres o los no católicos. ¿Estaríamos preparados para votar a una persona que conllevase un cambio radical? En su día, se votó por un gran cambio, tras una dictadura y un gobierno de centro-derecha, eligiendo al PSOE de Felipe González para que presidiese España, pero era impensable en aquellos tiempos la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo o que una mujer presidiese una Comunidad Autónoma o mandase en el Ministerio de Defensa. Y hoy en día ya hemos llegado a esto, ¿y qué ha ocurrido? Que a muchos les parece antinatural (lo primero) y raro. El presidente Zapatero recibió críticas de sectores algo rancios y poco progresistas al colocar a la catalana Carme Chacón al frente de Defensa. Las críticas llegan por varios motivos: es catalana –no sabía yo que los catalanes no pudiesen manejar un ministerio-, es mujer –por lo que no ha hecho la “mili”, algo que ya no es obligatorio. ¿Qué pasará entonces cuando los de mi generación en adelante, que tampoco hemos cumplido ese servicio, lleguemos al poder? Según esta gran teoría, estamos incapacitados para ello- y es “ecopacifista”. ¿Hay que ser un cabrón, machista, de Madrid y contaminador profesional para ser Ministro entonces? Entonces que se queden con el cargo.

 

Eso sí, estos mismos nos llenan con su hipocresía a diario cuando dicen que tienen muchos amigos catalanes, que les encanta Catalunya, que ellos respetan a las mujeres y no son para nada machistas y una retahíla de cosas que no deben de creerse ni ellos.

En el caso de una mujer en la Moncloa, creo que la cosa puede cambiar un poco, al menos con la visión que tenemos en Madrid, donde nuestra presidenta es Esperanza Aguirre, que tiene pinta de querer llegar más alto en la política española.

En cuanto al matrimonio homosexual, todos somos muy progresistas y muy demócratas, pero no dejamos libertad a los hombres y mujeres a casarse con quién quiera, y entramos en la demagogia de decir que llegará el momento en que se quieran casar con animales, y se ponen ejemplos de peras y manzanas que sólo quien los dice los comprende.

 

El uso del término “democracia” es el que más mentiras genera. Ejemplos encontramos a patadas. Los que no estamos metidos en política tenemos la oportunidad de participar en el sistema una vez cada pocos años, entre elecciones municipales, autonómicas y generales. Y la democracia nos permite elegir si votar o no votar. La democracia nos permite decir casi lo que queramos, con unos límites poco definidos, y salir a la calle para protestar por aquello que creemos injusto. Pero la democracia funciona si se unen todas estas funciones. Todos usamos el derecho a votar o no, pero al no votar tú mismo ya te eliminas del sistema. Después llegan las quejas, pero cuando tenemos la oportunidad de cambiar, muchos no ejercen su derecho para hacerlo, y, curiosamente, siguen protestando. ¿De qué se quejan entonces? Creo que tu derecho de queja acaba en el momento en el que tú mismo decides no entrar en el juego, en el momento en el que tú mismo renuncias a votar por un cambio (ya sea votar a alguien determinado o en blanco).

 

La democracia también permite la existencia ‘política’ de aquellos que quieren destruirla, que usan la hipocresía y la demagogia diciendo que están en un país libre, y que quieren que ese país libre acabe de serlo. Aquellos que creen que inmigración es igual a delincuencia, aquellos que no recuerdan que el delito no es cuestión de nacionalidad.

Y luego nos encontramos con las supuestas democracias, aquellos países e instituciones que presumen de ser libres, pero luego tienen sus tejemanejes para que al final acaben decidiendo las elites o los amaños. Siempre se dice que Hitler fue elegido democráticamente, pero todo cambia cuando hablamos de la escala de violencia e intimidación que generó el partido nazi para ganar aquellas elecciones.

 

En cuanto a instituciones, la Iglesia Católica (imagino que en otras religiones ocurrirá igual o parecido, pero como no conozco los casos, no puedo opinar) elige a través de su elite quién es su máximo mandatario. Los cientos de millones de católicos que hay alrededor del mundo no pintan nada en ese criterio. Además, es una institución sexista que no permite que una mujer entre en esa elite, y evidentemente tampoco permite que sea ‘Papa’. Pero predican la libertad de todo el mundo, eso sí. Que un hombre se case con otro hombre no, porque eso no es una opción libre. Que tú te cases y te separes por la Iglesia tampoco. Que la ciencia ayude a evitar enfermedades (incluyo en ciencia a los métodos anticonceptivos) tampoco es una elección libre. Que los padres quieran educar a sus hijos, en los colegios públicos, dentro de la moral que ellos crean conveniente para el niño en ningún caso es una opción elegible. Entonces, ¿Qué puedes elegir? Las religiones en general (alguna habrá que no) creen que lo suyo es lo correcto, evidentemente, y muchas religiones respetan que unas personas tengan otro tipo de creencias, pero caen en la complacencia hacia esa persona pensando que ha escogido un mal camino y que está equivocado.

Mientras todas estas cosas, y muchas más, no cambien, todos seguiremos pensando que somos muy libres y muy ‘modernos’. Que respetamos todo tipo de cosas, que no somos racistas, ni machistas.

Pero si esto no cambia, no nos dejaremos de sorprender porque una persona de color presida el país más importante del mundo o porque una mujer sea Ministra de Defensa. Nos seguirá sorprendiendo ver a dos hombres besarse o ver que una mujer pueda cambiar la historia de una religión mayoritaria. Y hasta que esto ocurra, ojalá sigamos viendo situaciones que cambian el mundo para bien, haciéndonos a todos más iguales. Porque todos tenemos que decidir libremente, sin coacciones, e interviniendo en el sistema, para poder cambiarlo cuando vaya mal. Y sobre todo, que nos respetemos unos a otros, porque en la variedad está el gusto.

 

Rubén V. 

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