La leyenda de Paul Newman

Se nos fue la mirada de ojos azules más cercana a la perfección que ha existido en el mundo del cine. Se fue Paul Newman.

Se fue un hombre que vivió por y para el cine. Que no busco más que ser actor y gracias a su “normalidad” consiguió ser el mejor.

 

Y con él se van muchas cosas. Recuerdos de escenas maravillosas. De esas que te dejan sin palabras y con una mezcla de frió y de sobrecogimiento por dentro. De esas que consiguen que te salga sola la sonrisa canalla. Se van grandiosos momentos de la historia del cine. (La gata sobre el tejado de zinc, El buscavidas, La leyenda del indomable, Veredicto final, El coloso en llamas, El color del dinero, Camino a la perdición, etc.)

 

También se va la belleza. Rozando el rechazo por bonito en sus comienzos; madurando y haciéndole interesante con el paso de los años; y finalmente en su vejez siendo la imagen que cualquiera soñaría ser o tener en esas edades.

Si nos preguntásemos como fue  Paul Newman podríamos decir lo que fue: una gran persona. ¿Por qué? Pues porque el mismo demostró como era posible ser el mejor actor de Hollywood y  no caer en el circo mediático. Paul no fue ni una moda ni una estrategia. Fue el mismo. Alguien normal a la que la vida le dio bueno y malo, como a todos. Superó el suicidio de su hijo (intento paliar el dolor dándole al cine, como no, una película cercana al tema como director). Casado con su mujer (actriz de Hollywood también) durante más de 50 años.  Mostró su americanismo sin caer en la prepotencia. Aseguraba que Estados Unidos tenía mucho de malo pero también de bueno. Colaboró con causas necesitadas sin hacer un ruido molesto. Disfrutaba con los coches, el motor y las carreras. Hace más de un mes decidió dejar el hospital en el que estaba tratándose su cáncer. Dijo que por favor le dejasen morir tranquilo en su casa, con los suyos. Una gran persona. Alguien normal.

 Y como actor fue desde perdedor a ganador, desde galán a modesto, chulo o sincero. Fue el mejor porque podía ser lo que quisiera.

 

Paul siempre dijo que había tenido suerte en la vida (puede ser, pero sin la bondad y el trabajo nadie la tiene), pero lo que está claro es que la vida ha tenido la suerte de que existiera la figura de Paul Newman. Su amigo y alter ego, el gran Robert Redford, con el que rodó Dos hombres y un destino y El Golpe formando una de las mejores parejas cinematográficas de la historia, resumió su dolor en pocas palabras: “He perdido a un verdadero amigo. Con su presencia, él mejoró mi vida y a este país”.

Con su presencia el gran Newman mejoró la historia y nos mejoró a todos los que amamos el cine. Se ha ido una leyenda.  Gracias Paul.

 

 

Ramon

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