Coldplay fue la apoteosis de la belleza y la sencillez

El pasado siete de Septiembre si estabas  en los alrededores del Palacio de Deportes de Madrid podías adivinar y sentir lo que luego se iba a vivir: la fiesta de Coldplay. Gente (mucha) con camisetas que rezaban “Viva la Vida” o que idolatraban a la banda inglesa o a sus idolatrados U2 y The Beatles. Entradas agotadas desde hace meses. De aperitivo: Albert Hammond Jr. como telonero; un gran guitarrista ( The Strokes) al que quizás solo le falta una pequeña pizca de variedad de armonías para que se fundan con canciones que tienen gancho (como la que abre su repertorio: Everyone Gets a Star)  y con las que nos recuerda a esos punteos característicos de The Strokes.

 

Posteriormente la apoteosis de la belleza. Coldplay: Una banda que ha crecido entre variedad de público. El más fiel desde el principio y que sigue a sus pies. El que prefriere la música menos espectacular de sus primeros álbumes y que ahora buscan esos matices en los últimos discos. Y el que se ha enganchado a esta nueva evolución de la banda, convertida (quieran o no muchos otros) en un referente comercial, musical y carismático.

 

Desde fuera además la eterna comparación: “Coldplay es una copia de U2”. “Chris Martin busca la formula de Radiohead”. Frases que para los que realmente lo vean así en la composición de los álbumes, quedan tiradas por tierra si has podido ver a alguno de estos grupos en directo y compararlos entre sí.

 

Coldplay no es una banda de rock (solo), tampoco es una típica banda popera. Está claro que si tus gustos musicales divagan entre el rock duro o el blues, no será un grupo que te enganche. La facilidad de que la banda te enganche se centra en la belleza y la sencillez de las canciones. Sencillez no por la planicie de la canción, si no por la facilidad que esta tiene para sonar bien y quedarse la melodía dentro de la cabeza.

 

Madrid iba a acoger  la puesta en escena del último disco del grupo; “Viva la Vida”. Un disco de muy compleja realización en directo, ya que la producción de Brian Eno (productor de U2 también), engloba variedad de sonidos y efectos. Y eso se notó por ejemplo en la interpretación de alguna de las canciones como “Strawberry Swing”: preciosa y rápida en el disco e igual de preciosa pero algo lenta en directo.

En cambio la perdida de fuerza de otras, como “Viva la Vida” o “Violet Hill”, son superadas por la interpretación y la entrega del grupo y porque las canciones son grandes de por si.

 

El propio Martin hablaba de este álbum como de su propio Sgt. Peppers o Achtung Baby, como lo fueron estos para sus grupos,  de The Beatles y U2. Y lo han conseguido. Es un álbum perfecto en cuanto a conjunto y esta lleno de grandeza en ciertas partes de algunos temas.

 

Y el concierto ante todo es belleza. Es bonita la introducción de “Life in Technicolor”, los primeros ecos de “Violet Hill”, o las notas del piano de “Clocks” y un largo etc.

 

Chris Martin merece una disculpa de todos aquellos que no paran de comprarle con Bono o con Thom Yorke, ya que puede que no sea tan bueno como ellos (o si), pero lo que esta claro, es que es único y tiene un encanto encima del escenario que hace especial la conexión con el publico. Y así sucedió en el Palacio de los Deportes. Además su voz no decepciona nunca. Guy Berriman es un bajista memorable. Es increíble como en algunas canciones tan grandes como “Clocks”, la melodía  se apoya en un bajo maravilloso que pasa desapercibido. Jonny Buckland y sus acordes de guitarra son tan estupendos en directo como en el CD: pues su cualidad es esa: no suena diferente. Y la labor de Will Champion es quizás la menor del grupo, pero también tiene su parte de protagonismo cuando es él el que canta un corto tema a la guitarra con todo el grupo entre el público.

 

 Se le pueden sacar también peros: La duración del concierto (hora y media) sumado a algunos temas que no tocan. O la parte intermedia  de versiones diferentes de temas, como “Talk”, que quedan algo fríos. Pero pese a ello, todo se levanta de nuevo cuando aparece Chris Martin para interpretar, solo al piano, “The hardest part” en una versión impactante y genial del tema.

 

En resumen un concierto bonito (eliminando cualquier significado de superferolítico en esta palabra). Con momentos que rozaron entre Coldplay y el público la apoteosis musical.

 

 

Jesús Ruiz

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comments
2 Responses to “Coldplay fue la apoteosis de la belleza y la sencillez”
  1. U2fan dice:

    Pues sinceramente,siempre les he visto como una copia de U2,incluso tienen el mismo productor

  2. Manuel dice:

    Mui bueno…en realidad ColdPlay son los mejoress!!!

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