IMPRESIONES MEXICAS

Si vas a visitar México con ojos españoles te arriesgas a tener que acudir después al sofá del psicoanalista. ¿Qué hicimos bien? ¿Qué hicimos mal? ¿Cómo evitar las preguntas? ¿Cómo elegir entre tlaxaltecas y mexicas? Sí, es cierto, la Inquisición patrulló por el Virreinato de la Nueva España, pero, no menos cierto, su principal ocupación fue acabar con la antropofagia. Hay testimonios y respuestas para satisfacer los gustos de distintas conciencias. A juzgar por lo visto, en Cancún no hicimos, probablemente, nada digno de mención. Hay un Meliá y dos hoteles Rius, poca cosa comparado con los Marriot, los Holliday Inn, los Crowne Plaza, por no citar la horterada de Burguer, el señor Frost y MacDonalds.

 

 

Para enlazar con más rigor con la memoria histórica hay que desplazarse al interior y recorrer Chichén Itzá. Allí te enteras de por qué el mexicano se siente muy ofendido con el Apocalipto de Mel Gibson. La sanguinaria orgía filmada no tiene por motivo esclavizar a los pueblos vecinos, dicen. Pero lo que explican no es más agradable: los mayas tenían un sentido tan trascendente de la existencia que daban gracias al cielo decapitando a los vencedores del juego de pelota, una especie de rugby prehispánico que ahora practican más por entretener la curiosidad turística del presente que para rememorar los rituales sangrientos del pasado. Es mejor no indagar en qué consiste la diferencia entre echar a rodar las cabezas de los cautivos por la ladera de las pirámides o cortar la cabeza del jugador triunfante para ofrendar la lúdica victoria a los dioses. Y si se corta la cabeza de los propios ¿qué no harían con las cabezas de los extraños? La imaginación de Gibson puede ser algo libre, pero no inmotivada.

 

 

 

 

 

A Tulum llegó Juan de Grijalva hacia 1517. Desde la cofia de su nao, debió ver aquella ciudad amurallada y, pensando en la dificultad de tomar a caballo un muro a lo abulense, se comprende que siguiera, bordeando el golfo, la travesía de bajura hasta Campeche. Bautizó con su nombre el río más caudaloso de la cuenca de Chiapas, actualmente causante de las periódicas inundaciones que sufre la ciudad de Villahermosa, capital de Tabasco. El entendido asegura que alguna vez los cien españoles que comandaba entraron a caballo, sable y fuego y oro no menos entendido asegura que respondieron a millares de indígenas armados con lanzas y flechas. Testigo del tiempo, pero no de la desolación, queda a la intemperie la pétrea ciudadela, el templo, las columnas y los restos de una organizada ciudad costera. Observatorio astronómico dedicado a Venus, abierto al mar, al tiempo y a una historia enrevesada y confusa.

 

En Isla de las mujeres aprendes que el encomendero Francisco Hernández de Córdoba no era un capitán, sino un filibustero. Es mejor no discutir sobre la condición de un hacendado aventurero a quien los marineros del lugar describen más simplemente como pirata mientras te enseñan peces de colores. Tal vez recogiera inmensas caracolas de la playa, o arrancara piezas de coral del arrecife, porque no es probable que se llevara la blanca arena, que es lo que más abunda bajo las olas. O tal vez, sus compañeros de aventura tomaran en sus brazos a las mujeres isleñas, y de ahí proceda el nombre de la isla. En la pequeña ensenada que recibe al visitante hay una goleta, pero no es la de Grijalva, ni está varada, ni parece envejecida, sino expuesta a los extraviados ojos del turista para sacarle algunas monedas a cambio de mirarla.

 

He ido a México con frecuencia. Lo he recorrido de Norte a sur, de Monterrey a Valladolid, de Chihahua a Mérida. También esta vez me dejó la desazón de costumbre. Lo hicimos bien o lo hicimos mal… Y siempre regreso con la misma certidumbre de que no hay pregunta simple, sino respuesta compleja. La primera vez que vi Puebla, a más de cien kilómetros de México, tras pasar los grandes volcanes, miré incrédulo la catedral. Un templo herreriano, a siete mil kilómetros de distancia de El Escorial. Y la cerámica de Talavera, mejorada en su versión poblana. No pudo ser tan malo como algunos murmuran, ni tan bueno como otros predican. Importamos la gripe o influencia, que causó más muertos en un decenio que toda la conquista secular, pero también la patata y el caballo, los colegios y universidades, y de hospitales coloniales esta México lleno. Por los pueblos interiores, aztecas y mayas, de etnia pura o mezclada con la sangre española, se cultiva el arte huichol, mientras al visitante ofrecen en los comercios, mezcal y tequila destilados del ágave. Más al norte, no dejan importar estos productos por aplicación del tratado del ¿libre comercio? Más al sur, en Belice, no se ven indios mayas, sino negros, descendientes sin mácula blanca de los esclavos africanos. Si un español llega ahora allí, nunca le contestan cuando habla en castellano, simulan no entenderlo aunque lo entiendan, porque responden en inglés con el peor de los acentos y sin asomo de sonrisa. Los mayas, en cambio, siguen sonriendo todavía mientras hablan español.

 

 

LUIS NÚÑEZ LADEVÉZE

Periodista  y escritor

Catedrático de Periodismo

 

 

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Comments
One Response to “IMPRESIONES MEXICAS”
  1. Beliceño dice:

    Muy interesante. Sin embargo hay una cosa que me resulta curiosa, la patata. Yo tenía entendido que la patata venía de Sudamérica, no sé si los españoles la llevaron un poquito más al sur, pero no les daría el mérito.
    Por otro lado en Belice lo que hablan es un lenguaje criollo, aunque dominan el inglés. El español también se habla, pero menos.

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