SOBRE LA TELEVISIÓN

                        

 

Desde 1956 disfrutamos en España de ese medio de comunicación, que hoy en día es el más utilizado junto a Internet, llamado televisión. Pero, ¿cuánto ha cambiado la concepción de la televisión desde hace 50 años? Los programas que se crean siempre han sido movidos por la moda. A principios de los 90, cuando ya existían algo más de dos canales, se llevaban los programas familiares como “El gran juego de la oca”, “La ruleta de la fortuna” o “VIP” (con sus diferentes variantes). La tele era un medio para entretener a toda la familia, donde se metían lo justo en la vida de los famosos más famosos (es decir, de los artistas y Ana Obregón) y casi siempre desde el respeto. A finales de los 90 se puso de moda el poner a prueba a famosos y no famosos, con “Gente con chispa”, “Furor” o el “Grand Prix”.

Pero a partir de la primera década de los 2000 se inició una mala práctica de hacer televisión, que a priori entretendría a la audiencia pero que acabó creando “monstruos” televisivos: los Reality-Shows. En el 2000-2001 nos encontramos con una creación propia y con una versión importada: Operación Triunfo y Gran Hermano. El primero de ellos, que apareció más tarde, tenía una base sencilla, volver a entretener a toda la familia dando la oportunidad, además, a alguien desconocido de entrar en el mundo de la música de manera profesional. Gran Hermano también tenía ese punto de un fin sencillo, juntar a varias personas desconocidas en una casa, sin que puedan salir de ella, y observar sus reacciones, lo que parece más un experimento sociológico que un programa de televisión. Ambos tuvieron un éxito impensable hasta para sus creadores y fueron hasta buenos socialmente, puesto que con el programa musical hemos tenido la oportunidad de conocer a uno de los mejores cantantes españoles del momento -hay que reconocérselo- como es David Bisbal,  y con el segundo ya sabemos cómo reaccionaríamos casi todos estando encerrados y siendo grabados. Pero el problema llegó más tarde, cuando los concursantes pasaron a ser productos que invaden la televisión y empiezan a aparecer programas que van más allá de lo respetable en la vida de esos pseudo-famosos, a quienes en gran medida les interesa aparecer ahí, puesto que si no es por esos programas (el de más éxito ha sido “Aquí hay tomate”, que creó una forma nueva de hacer televisión), su vida volvería a la de ser un trabajador honrado.

Y hoy en día nos enfrentamos a este problema, la creación de “productos”, que en muchos casos lleva a su explotación y posterior fracaso. Un ejemplo de esto podría ser la explotación del humorista-imitador Carlos Latre, que de salir en “Crónicas Marcianas” (esa fábrica de freakys) pasó a tener una serie y un programa propios, siendo ambos un fracaso de audiencia. Al final, lo mucho cansa siempre.

Además, la televisión se esta convirtiendo en una copia de sí misma. Las series de éxito de cada país no solo se exportan, sino que se hacen copias patrias de ellas, como por ejemplo “Yo soy Bea”, “Sin tetas no hay paraíso” o “Lalola” (serie que se estrena este domingo y que está importada de Argentina), dejando atrás la originalidad. Y también está el fenómeno de “si un prototipo funciona, vamos a copiarlo”. A raíz de la serie protagonizada por Hugh Laurie -“House”- han ido apareciendo distintas series, americanas y españolas, con el prototipo de personaje borde, como “Shark” o la futura “Doc Martín”, de Antena 3.

Y por último llegamos al gran producto de la temporada televisiva, Risto Mejide. El publicista consigue subir la audiencia de un formato algo acabado como es Operación Triunfo, donde los concursantes de este año, muchos de ellos, se quieren a sí mismos muchísimo y se ven ya como los futuros “bisbales” o “alejandro sanz”, o al menos muestran eso gracias a su comportamiento. OT ha pasado de ser el programa musical que da oportunidades a ser un Gran Hermano donde cada semana cantan en la gala. Y Mejide es el encargado de bajar los humos a los “triunfitos”. La duda queda entre si es la persona o el personaje quien habla, a veces de forma desafortunada, a los concursantes. Risto es un ser amado o detestado, sin un término medio, y que dice muchas verdades, de manera algo grosera en ocasiones. De ser un personaje, podríamos extraer ese prototipo del que he hablado antes a la realidad, siendo este una copia de personajes como “House” o del jurado de “American Idol” Simon Cowell, personaje también borde, con frases como “mi consejo es que si quieres perseguir una carrera en el mundo musical, no lo hagas” o “¿de verdad pensaste que te podrías convertir en el American Idol? Bueno, entonces, es que estás sordo”.

 

Rubén V.

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Comments
One Response to “SOBRE LA TELEVISIÓN”
  1. Bolchov dice:

    Pedazo de artículo si señor, subrayo lo que dice de David Bisbal hay que reconocer que es el mejor cantante español de la historía

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