Estos son mis ideales. Si no le gustan tengo otros

 En la política como en muchas otras facetas de la vida suele faltarnos a las personas una cantidad mayor de memoria analítica. Constantemente nos vemos ahogados por la fuerza de los medios o de la propia sociedad para creernos que existen tales ideologías o cuales tendencias. En el caso de España exactamente  el franquismo y la transición hicieron que los ideales políticos propios de cada uno se levantasen primero por la conveniencia o la contra a la dictadura y por el aunamiento respetuoso pero reafirmante tras la llegada de la democracia.

 

Actualmente vivimos en una sociedad en la que cuesta mucho observar realmente que valores predominan y sobre todo verlos inculcados en generaciones nuevas que han nacido en una sociedad abierta y libre en la que o todo es facilidad o las dificultades potencian la perdida de valores.

La clase política apoyada por la masificación de la población política es un ejemplo más de ello. La política, una ciencia necesaria en cuanto a seguimiento e interés de la sociedad para saber, conocer y elegir ha dejado de ser interesante y necesaria para muchos para convertirse en una simple excusa de discusión cada cuatro años de elecciones o para elevar el amarillismo del país con la parte más morbosa y mediática de los políticos. Realmente vale la pena plantearse cuales son los ideales del escaparate político y cual es el nuestro propio.

 

Como ejemplo más claro tenemos al PSOE. El Partido Socialista Obrero español no tiene nada ya ni de socialista ni de obrero. Lo primero porque el socialismo desapareció hace ya tiempo de cualquiera ideal político cuerdo. Lo segundo, el obrero, quizás sea una clase ya desaparecida a la que ahora podríamos llamar clase media y que no se entiende como el trabajador que lucha por sus derechos si no por todo aquel que no tiene un nivel alto adquisitivo (si contásemos cuantos afiliados del PSOE tienen este nivel caeríamos en la demagogia fácil, pero es en la que nos hacen caer sus propias siglas). Por lo tanto actualmente el PSOE podría llamarse PSDE, Partido Social Democrático Español y nadie se extrañaría de nada. Además tenemos el claro ejemplo de la primera legislatura de Zapatero y el comienzo de esta segunda. El presidente del gobierno realizó una política muy cercana a los nacionalismos más duros, sobre todo en Cataluña alineándose con ERC y cuando no le interesó dejo de lado a los republicanos nacionalistas para tomar una posición mucho más liberal. Lo mismo pasa en el País Vasco pero quizás a la contra. Es ahora el líder socialista en Euskadi, Patxi López el que mantiene un discurso nacionalista dentro de un partido en teoría “centralista” ¿o no?.

 

Todo esto se resume en el porqué de la pérdida de ideales claros y lógicos: el poder. El poder, la lucha y el ansia por él, es lo que marca los movimientos e ideas de los políticos. Ya no existen tendencias políticas si no estrategias para hacerse con el poder que pueden cambiar si resultan erróneas o si es adecuado hacerlo para mantenerse arriba.

El PP (la democracia bipartidista debería tenerse en cuenta también como causa de esta perdida de ideales) vive inmerso en una “crisis” sobre el núcleo, el líder y las directrices del propio partido. Tras cuatro años de oposición y de nuevo con la derrota electoral se busca, como no, la forma de volver a hacerse con el poder. Mariano Rajoy parece querer cambiar el rumbo del partido volviéndolo más moderado, más centrado, es decir, durante cuatro años todos los ideales del PP y su votante se van a la basura porque de poco han servido en cuanto al resultado electoral (sobre todo en Cataluña y el País Vasco) pues es lo que importa a los políticos. Personalidades fuertes del partido dimiten por estar en contra de ello, surgen nuevas tendencias, la muchedumbre se “manifiesta” pero lo que queda claro de nuevo es que lo de menos son las ideologías de base del partido, pues a estas alturas no se saben cuales son. Pero no se le puede achacar esto solo a Rajoy por dejarse como títere (por sus propias palabras se entiende) durante estos últimos años. Durante el gobierno de José María Aznar, el PP que en su segunda legislatura en el poder gobernó con mayoría absoluta, se radicalizó y se acerco a la derecha (¿Qué es la izquierda? ¿Qué es la derecha?) Cuando en la anterior etapa gobernó con el apoyo del PNV y CIU y no mostró esos ideales que luego se verían por ejemplo con la guerra de Irak.

 

Parece que los políticos viven en una comedia dramática constante y hacen suya la frase del gran Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.”

Ante esto surgen dudas profundas. ¿Qué tiene el poder? ¿Qué es lo que hace que los políticos quieran llegar al poder? ¿Dónde queda la naturaleza de la política? ¿Dónde queda el ciudadano ahora y de que forma? Y sobre todo ¿dónde quedan los ideales?

El pescado que se muerde la cola muestra al político deshidealizado, la ciudadanía desinteresada (y engañada), el sistema despolitizado y lo que considero peor el afianzamiento de los extremismos ilógicos y de los nacionalismos fanáticos como ideales más claros, pero que viven en una sin razón de base. Y habría que sumarle que la verdadera ideología básica en una sociedad libre parece devaluarse poco a poco en contratos indefinidos. Como diría Groucho de nuevo: “La parte contratante de la primera parte es la parte contratante de la segunda parte…” pero esa es otra historia, ¿o no?

 

Jesús Ruiz

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