Yo nací gracias al Rey

Hace unas semanas la familia real de Mónaco basó su ya clásico Baile de la Rosa en un homenaje a la Movida madrileña y los años 80. Allí estuvieron la parte más conocida y reconocida del panorama artístico español. Es decir, desde Pedro Almodóvar hasta Rosy de Palma, pasando por Bibiana Fernández, Paco Clavel o Luz Casal.

Pero los años 80 fueron mucho más que la movida y mucho más que la liberación artística. Fue sobre todo el asentamiento de la Transición política de nuestro país. Muchos fueron protagonistas, secundarios de lujo y sujetos clave en esta época.

 

Pero permítanme que haga yo un homenaje  personal a uno de ellos. Uno de los más reconocidos, Don Juan Carlos de Borbón, Rey de España.

Juancar para los amigos, en sus primeros años de reinado consiguió (pese a quien pese su figura monárquica) situar y asentar (con ayuda de muchos más, claro) el camino de un país que venía de casi 40 años de dictadura. Todo el espíritu de la transición se estableció en un camino común para todos, pese a diferentes ideales políticos, que nos llevase a una democracia libre. Y aquí comienza mi historia. Si no fuese por este espíritu quizás yo no estaría aquí escribiendo.

 

Mi padre, con la mayoría de edad recién obtenida, deportista, sano, cercano al rock de Leño, Los Led Zeppelin y Deep Purple y con unos extraños ideales cercanos al catolicismo y a los principios de José Antonio Primo de Rivera. Mi madre,  una veinteañera, soñadora, trabajadora, danzadora de la Escuela de Calor o La chica de Ayer y creyente en Serrat, el amor y los ideales de izquierda. Increíblemente, un macarra y una buena chica, la izquierda y la derecha, dos madrileños, un falangista y una comunista: Se enamoraron. No hubo preguntas sobre las tendencias políticas. Uno se había afiliado a Falange, recibía en la casa de sus padres las cartas de información con el yugo y las flechas impresos. La otra asistió a las iniciales reuniones secretas del Partido Comunista donde se repartían los primeros carnés de pertenencia al mismo.

 

No tuvo ninguna trascendencia para su relación. En aquellos años no importaba de que eras si no hacia donde ibas, y en eso estaban todos. La libertad superaba diferencias políticas en la calle, y los políticos unían fuerzas de diferencias para sacar una Constitución para todos, superar un golpe de Estado y dejar de lado el pesado pasado.

 

Y todo esto se aunó en la figura del Rey. Elegido por Franco para sucederle pero siguiendo el proceso de cambio iniciado en los últimos años de dictadura, supo realizar los movimientos exactos y precisos para que todo desembocase en un país en libertad. Encabezado en su figura y en el espíritu de la transición, un ejemplo entre muchos otros, es el triunfo del amor y de la consecución de un sueño que me trajo  al mundo años después. Podíamos aprender en la actualidad (desde políticos, politizados y despolitizados) de aquel sentimiento o al menos recordarlo más, pues cada momento es una historia. Yo nací gracias a la Transición, a los 80, a la movida. Yo nací, en parte, gracias al Rey.

 

 

Ramon

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