Esconderse tras la antorcha olímpica

Todos hemos visto las imágenes de personas intentando apagar la antorcha olímpica, algunas veces hasta lo han conseguido. Todo hemos visto el revuelo mediático, el afán de protesta y las múltiples demostraciones chaqueteras de los líderes mundiales que solo denuncian cuando es políticamente correcto.

                                               

Nadie dijo nada a la hora de elegir a Pekín como sede olímpica, nadie alzó la voz denunciando el trato poco humanitario a los tibetanos o a sus propios ciudadanos. Nadie dijo nada. Ahora los políticos denuncian y tratan de ser los primeros en hacerlo. Todo esto es como aquel revolucionario francés que miraba al pueblo corriendo para enfrentarse al poder y dice “allí va mi pueblo tengo que averiguar a donde va para poder liderarlos”. Es ridículo que hoy los políticos denuncien la política exterior china cuando por detrás hacen todo lo posible para comerciar con ese nuevo mercado gigante en el que se ha convertido China. Si no hubiese sido por el gran apoyo popular que los tibetanos reciben por todas partes ningún líder diría nada y aun menos boicotearía la inauguración. Hasta Obama ( con el fin de ganar los votos de la izquierda moderada y educada) ha pedido que el señor Bush no asista a la celebración inaugural. Nadie ha dicho nada sobre la forma inhumana que EE.UU trata a los internos en Guantánamo mientras intentaron ser los anfitriones de los juegos de 2012.

 

Que culpa tienen aquellos deportistas que llevan muchos años y derramando mucho sudor  para llegar a una olimpiada para ser victimas de una olimpiada politizada. Los juegos olímpicos son una fiesta que unifica al mundo con algo pacífico. Los deportistas deberían boicotear a sus propios gobiernos que se esconden detrás de algo tan noble, neutral y apolítico como es el deporte. Los deportistas del mundo tampoco tienen la culpa de que el Comité Olímpico Internacional eligiese un país que no cumple con los derechos humanos y que se salta las resoluciones de la ONU. El COI no debería dar las olimpiadas a un país con la esperanza de que eso sirva como incentivo para mejorar. Las olimpiadas deben ser un honor, un premio para un país o una ciudad que asume las riendas morales como un modelo a seguir.

 

Los deportistas solo quieren hacer su trabajo en el momento más importante de sus vidas. No es su deber criticar, manifestar o incluso boicotear las olimpiadas. Se critica mucho a China por ser como es, algo que se sabia de antes, pero no se critica al COI. Cuando los juegos olímpicos se politizan pierden su razón de ser, unos juegos que unifican al mundo bajo el deporte y la competición pacífica. Es una vergüenza usar el deporte como escudo por su propia cobardía.

 

C. Concha

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