BONO, NUEVO PRESIDENTE DEL CONGRESO

José Bono salió elegido el pasado martes como presidente del Congreso de los Diputados para los próximos cuatro años. Pero salió elegido de una manera muy especial, que muestra la fragmentación de la Cámara Baja. Necesitó de dos vueltas para ser elegido por mayoría simple, y en la primera vuelta no todos los diputados del PSOE le votaron. Presuntamente, Alfonso Guerra, el diputado con más legislaturas del Congreso (desde el año 77) fue el que se abstuvo, debido posiblemente a la larga polémica existente entre ambos desde hace unos años. Así, Bono sacó 168 votos a favor. Reseñable también es que a Ana Pastor no la votaron dos personas de su propio partido (PP), obteniendo solo 152 votos, pero el caso que nos ocupa es el de Bono. La segunda vuelta ya fue diferente y sacó 170 votos, es decir, los de su partido más uno, que bien podría ser el de Llamazares. Esto muestra que los partidos nacionalistas no van a apoyar de manera incondicional al nuevo gobierno de Zapatero, aunque también hay que decir que la figura de Bono es controvertida, ya que en estos cuatro años siempre ha estado en contra de ERC, PNV y demás partidos nacionalistas, en casos como el Estatut o el “Plan Ibarretxe”. El día 8 sabremos si Zapatero saldrá investido presidente del Gobierno de la misma manera o no, pero esta legislatura será más dura a la hora de sacar Proyectos de Ley. Bono es una figura controvertida en la política española, pero tiene algo que pocos políticos pueden decir; gusta en los dos bandos mayoritarios y es el único hoy en día que podría provocar la unión de PP y PSOE en algunas grandes decisiones. Además, un hombre que ha sido presidente de Castilla-La Mancha durante varias legislaturas, y que ha sido un ministro sólido, parece tener un perfil muy adecuado para regir el Congreso con seriedad, siguiendo los grandes pasos que dio su antecesor Manuel Marín. Se esperan otros cuatro años de legislatura complicada y grandes discusiones en el Congreso, que harán que la figura de Bono sea clave para llevar acabo unos debates parlamentarios sin tantas interrupciones y con un orden estricto que permita hablar a los portavoces de todos los grupos parlamentarios, contando con temas propicios para el debate que existen en la actualidad, como son el “caso Mari Luz”, el agua en Barcelona o las clínicas abortistas, de las que ahora aparecen nuevos datos, de distinta índole, en los principales periódicos nacionales. Sólo deseamos que el Congreso no se convierta en un campo de batalla lleno de desprecios personales y que los 350 diputados se comporten de manera correcta y sean dignos del puesto que ocupan.

 

 

Rubén V.

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