EN LA PUERTA DEL SOL… (2º PARTE)

uvas.jpgLlega el 31 de diciembre y centenares de personas, alrededor de la medianoche, se reúnen delante del reloj de la Puerta del Sol. Están preparados para despedir un año y saludar al nuevo que viene. En una mano una bolsita con uvas y la otra para ir comiéndolas una a una al son de las 12 campanadas del reloj, pero ¿por qué la tradición de comer uvas?

            Cuentan que en el año 1909 se produjo un excedente de uvas durante la cosecha de otoño. El día 31 de aquel año, a todas las personauvas-2.jpgs que estaban congregadas delante del reloj, se les entregó gratuitamente una gran cantidad de racimos de uva. A alguien se le debió ocurrir la idea de desafiar a un amigo a intentar tragarse una uva por cada campanada del reloj. Su amigo aceptó y la idea se fue pasando entre toda la multitud allí congregada y así fue como nació la idea de tomar las doce uvas en Nochevieja.

 

El Oso y el Madroño, emblema de Madrid.  

Para los madrileños, la figura del Oso y el Madroño, es algo muy conocido por nosotros y muy característico, pero no siempre fue este el emblema de la ciudad.            

Los orígenes del escudo de armas de la ciudad son un poco confusos. El primer emblema de la ciudad, anterior a 1200, mostraba un pedernal parcialmente sumergido en agua con dos mazos de acero golpeándolo en cada lado y que hacían saltar chispas. Todo el conjunto estaba acompañado de una inscripción latina que, traducida, quiere decir: “Fui sobre agua edificada. Mis muros de fuego son. Esta es mi insignia y blasón”. (Actualmente, este escudo y la frase se pueden observar en un dibujo en la pared de la plaza Puerta Cerrada).          

  Durante la batalla de Navas de Tolosa contra los musulmanes (1212), el estandarte usado por los soldados de Madrid había cambiado. Mostraba un blasón con un oso caminando por un campo de plata con la constelación de la Osa Menor como fondo y la Estrella del Norte apuntando a la cola del oso.            

Expliquémoslo por partes. La figura de un oso, según varios historiadores, puede resultar porque, por aquel entonces, vivían un gran número de osos en los alrededores de Madrid, cuando la zona estaba cubierta por bosque. Algunos aseguran que se trata de una osa y de hecho, en los archivos de la “Casa de la Panadería”, en la Plaza Mayor, los manuscritos confirman que el oso era una osa.            

El uso de las estrellas tiene varios significados: algunos historiadores creen que las siete estrellas podrían representar siete escuelas de astronomía que supuestamente existían en Madrid en el siglo X. Otros sugieren que las estrellas representan el cielo de Madrid, famoso por su claridad y pureza (que eso, hoy en día, habría que ponerlo en duda).            

 Más tarde, hubo una disputa entre la Iglesia y el Estado por hacerse con el control de la madera, los terrenos de caza y las tierras de pastoreo. Se llegó a un acuerdo por el cual la Iglesia tendría las tierras de pastoreo y la Corona los terrenos de caza y la madera. Los escudos de armas se unirían y darían como resultado un oso erguido sobre sus patas traseras, simbolizando el dominio de la Iglesia sobre sus campos y, sus garras delanteras se apoyaban en un árbol, en representación de la reclamación de madera y caza por parte del Estado. El Oso y el Árbol estaban rodeados de una orla azul que simboliza el azul celestial, tachonado de siete estrellas que  representan la Osa Menor.           

  En principio, el árbol no era un madroño. Este tipo de vegetación se añadió al escudo tiempo después. Cuando Carlos V se hallaba de visita por la ciudad, en el siglo XVI, una plaga asoló la ciudad. El Rey se puso enfermo y la gente del pueblo, que había descubierto que hirviendo hojas de madroño se obtenía un brebaje que curaba las fiebres, se la dio a probar al rey. Éste sanó y como agradecimiento los futuros escudos de armas tendrían un madroño como emblema.            

En 1554, el Parlamento de Valladolid concedió a Madrid permiso para añadir la corona real a su escudo de armas. Así Madrid se convertía en una “villa”. En un principio esta corona fue colocada encima del madroño. En el siglo XVII, la corona empezó a aparecer sobre el emblema del escudo de armas por consideraciones estéticas.           

Alrededor de 1842, una nueva figura extraña apareció en el escudo: un dragón. Su historia se remonta a 1569, cuando en una de las puertas de la muralla existía un dragón en relieve. Se pensó que la figura era de origen griego, pero esta idea se descartó en seguida. Aun así, el dragón con orejas de perro, alas de murciélago, cola de serpiente y garras de águila, fue incorporado al escudo y ha permanecido con él durante más de una centuria.

            Por último, en 1967 el Ayuntamiento recuperó el escudo de armas anterior que mostraba un madroño verde con frutos rojos sobre un campo plateado y apoyándose en él un oso negro, enmarcado en azul, y siete estrellas plateadas rematadas por una gran corona.

Rocío Campos Ramírez

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