
Un nuevo caso de corrupción política salpica el panorama español. En Santa Coloma de Gramanet, hasta nueve personas, del PSC y CiU, fueron detenidas por prevaricación, cohecho y tráfico de influencias. A la operación, en la que registraron el ayuntamiento de la localidad catalana, la han llamado Operación Pretoria, y se ha unido a la larga lista de operaciones por corrupción política que hay en España desde hace casi un lustro, cuando aquella famosa Operación Malaya, que se llevó por delante a uno de los ex alcaldes más famosos de Marbella, no tanto por su política como por su vida social: Julián Muñoz. Desde 2006, y sin contar a ‘cachuli’, son 17 los alcaldes detenidos, de diferentes formaciones políticas: cinco del PSOE (contando a Bartomeu Muñoz, último detenido y perteneciente al Partido Socialista de Catalunya), siete del Partido Popular, uno del PAR (Partido de Aragón), una del GIL, dos independientes, uno del Partido Andalucista, y uno no adscrito a partido alguno.
Además de todo esto, está también el caso más famoso de corrupción: la trama ‘Gürtel’, con Francisco Correa, Álvaro Pérez ‘el Bigotes’, ex alcaldes de Boadilla del Monte y Pozuelo (Madrid), y las supuestas implicaciones del PP valenciano, con Ricardo Costa y Francisco Camps a la cabeza, entre otros muchos. Ahora, la tendencia popular se basa en frases estereotípicas del tipo de: “si son todos iguales” o “da igual unos que otros”, pero no se debería pensar así. Existen miles de localidades, con sus respectivos alcaldes, concejales…y se está hablando de corrupción en tan ‘solo’ 17 localidades y una Comunidad Autónoma.
Es evidente que la importancia y la trascendencia que esto conlleva es enorme, y que de manera lógica hay que pensar que no debería ocurrir en ningún sitio, puesto que la honestidad de un político se pone en duda día sí, día también, pero hay que saber distinguir entre quienes sí roban de verdad y quienes jamás se ha podido demostrar nada de eso, ya que seguramente no lo hayan hecho jamás. No es un alegato ni una defensa del poder político, si no que hay que tener cabeza para saber que no estamos en un país en donde cada uno hace lo que quiere. Ni donde te pueden matar en cualquier lado, como da la sensación que ocurre cada vez que se emite un programa nocturno de investigación, donde se tratan siempre temas de drogas, violencia y prostitución, dando como normal cosas que no se ven en el día a día.
Rubén V.


El pasado sábado se produjo en Madrid una gran manifestación anti-aborto. Una manifestación anti-algo es un ataque a la libertad. Explico: La manifestación (Reunión pública, generalmente al aire libre, en la cual los asistentes a ella reclaman algo o expresan su protesta por algo), la acción de manifestarse es una de las cosas más intrínsecas de la persona. La queja y el inconformismo forman parte de la búsqueda del bien propio y el común. Para lograr ese bien, en esta vida imperfecta, es necesario continuamente recurrir al cambio de planes o los arreglos momentáneos según vemos algo que descuadra el día a día.
El pueblo catalán de Arenys de Munt hizo su propio referéndum el pasado domingo para determinar si Catalunya (¡ojo! No sólo el pueblo, si no que hablan por toda una población catalana) debe ser o no independiente. Lógicamente, el resultado estaba cantado desde el principio. Ganó el “sí”. La población total del pueblo es de unos 8.000 habitantes, de los cuales sólo 6.500 estaban convocadas. Aquí entra el primer punto discutido del ‘juguemos a hacer un referéndum’. El censo estaba hecho a partir de los 16 años, es decir, menores de edad podían votar. La participación total fue de un 41%, lo cual, señores organizadores de referéndum, es muy triste que menos de la mitad de un censo tan pequeño sea partícipe del juego. El resultado fue: 2.568 votos a favor, 61 en contra, 29 votos en blanco y 12 nulos. A esas 102 personas que han votado en contra (al fin y al cabo, todo eso es en contra), ¿les castigarán sin jugar la próxima vez? Total, el censo lo hacen como les apetece…