
Alejandría, Egipto año 391 d.C., el mundo cambia para siempre…
¿O tal vez no? Ágora la última película de Alejandro Amenábar puede tener diversas interpretaciones. La principal por supuesto, el mero hecho de ir al cine a pasar dos horas y media de entretenimiento. Quizá la más solicitada, pero también la más superficial. Aún así, y pese a que este sea el propósito inicial, dudo mucho que cualquiera de nosotros haya salido de la sala sin un ápice de reflexión sobre la historia que cuenta el largometraje. O al menos una pequeña sensación que nos tiente a tal reflexión. En definitiva y bajo mi humilde impresión, uno sale del cine con una visión diferente que con la que entró.
Los temas son diversos, la mujer en la sociedad, la religión y la ciencia. Los avances o retrocesos de estas mismas doctrinas. La filosofía. El ayer, el hoy. La fotografía, la banda sonora, el montaje o la cantidad de millones que se han gastado en el filme. Para gustos los colores.
Algunos, entre los que me incluyo, nos quedamos sentados en las butacas mientras pasaban los créditos por la pantalla. La razón, algo evidente a lo largo de toda la película, pero no por ello menos sorprendente cuando esta llega a su fin. El tema, la opresión de la mujer junto con el conflicto entre la ciencia y la fe. Argumentos presentes de algún modo en el siglo actual. Es decir, quizá el mundo no cambió tanto ni para siempre. Me explico.
Sobre el coraje de una mujer en un mundo dividido…
Es cierto que poco se sabe sobre Hipatia, interpretada por Rachel Weisz en Ágora, pero lo que también es cierto es que puede representar a cualquier mujer en un mundo de hombres. Un mundo de antaño. Es en esa época y en esa Alejandría que nos muestra Amenábar, donde una mujer adelantada a su tiempo se convierte en una leyenda por luchar para unir a los hombres. Por dedicarse a la filosofía y a la ciencia. Materias que antiguamente eran sólo dignas de lo masculino.
“¿Por qué esta asamblea tiene que aceptar el consejo de una mujer?…”
En determinada época era intolerable que una mujer –Hipatía- fuera autónoma, atea y una eminencia en filosofía y ciencias, máxime cuando no estaba supeditada a un hombre como fue su caso. Volcada únicamente en la fe de la naturaleza y su estudio. Menos admisible aún, era que se convirtiera en confidente y máxima consejera del precepto de la ciudad de Alejandría. Fue por ello tachada incluso de bruja y condenada por su ‘enemigos’ a morir lapidada.
“Tú no cuestionas lo que crees, yo sí…”
En Egipto y bajo el Imperio romano la religión sufre un punto de inflexión. Ateos, judíos, cristianos y paganos conviven en una misma ciudad repleta de tensión. Una situación que termina con revueltas violentas en las calles y la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Un momento clave en el que existe un ascenso imparable de los cristianos bajo la orden de los paraboleros.
Justo el momento en el que la fe pierde toda cordura y se convierte en símbolo de violencia. Hipatia reconocida creyente de la naturaleza y la filosofía y símbolo de la tolerancia entre religiones, cuestiona el modo en que gira la fe en su tiempo.
“Los cielos tienes que ser simples… pero no lo son….”
Efectivamente nada es simple ni lo ha sido nunca. Libertad, pasión, poder y ambición son valores que juegan un papel importante en la película representado por cada uno de sus protagonistas, pero también y desgraciadamente juegan un papel demasiado transcendente en nuestra sociedad actual. La historia de ayer no es más que el reflejo de hoy.
La fusión entre mujer, sociedad, fe y ciencia sigue siendo una combinación totalmente explosiva. Tal vez por separado tengan una oportunidad de sobrevivir, y si no hagamos un repaso al mundo en que vivimos.
El lugar ocupado por la mujer ha cambiado mucho, muchísimo en la sociedad en que vivimos, pero si nos damos cuenta sólo ha avanzado en aquellas sociedades que caminan conjuntamente. Es decir, en las que maduran y de alguna forma se cuestionan en que creer. Ejemplo de ello es el papel que desempeña hoy en día la mujer en el mundo occidental y en el oriental.
Fe y ciencia es otra conjunción peligrosa puesto que las dogmas religiosos no ven ni verán con buenos ojos la ciencia y mucho menos sus progresos.
Por lo tanto, Ágora de una manera u otra hace un guiño al presente con la historia del pasado. Su protagonista levantaba ampollas entonces y es posible que las levante en la actualidad. Otro punto similar entre el ayer y el hoy es la violencia creada por las creencias. Hoy en día existen multitud de guerras producidas por este motivo, como el caso Balcanes. O incluso las guerras africanas provocadas por la ambición de poder de algunos sin tener ninguna razón de fe.
En cualquier caso, cada uno es muy libre de creer en lo que quiera, pero es muy recomendable e incluso inmensamente necesario plantearse en que se cree y porque. Y por supuesto ser consecuente con ello, sin llegar de ningún modo a las olas de violencia que ayer y hoy crean estos temas por separados y unidos –mujer, ciencia y fe-.
Esther M.G
Desde hace más de una década hacia ahora, con la llegada de la increíble “Toy Story”, concretamente en 1995, el mundo de la animación cambió completamente su concepto, para llegar a una digitalización completa, o casi, del trazo del personaje. Esto tuvo dos efectos muy claros: el primero es que las películas de animación ya se hacían entretenidas para niños y padres, que pueden ver una cinta muy bien hecha, y lo segundo es que las historias pueden ser mucho más complejas. El colmo de este segundo efecto fue una de las mejores cintas del pasado año: “Wall-E”.
Sobre el nuevo personaje, Buck, podría definirlo como una mezcla entre el gato con botas de “Shrek” (un nuevo personaje solitario que ayuda a los principales con sus artimañas y del cual el público se encariña rápido) y una especie de Johnny Depp en el papel de Jack Sparrow, incluida su estética.
