El Ocho

Archivo de 15/03/09

Lujazo

Publicado por elocho en Marzo 15, 2009

 

lujazo888Esta semana, tenemos el lujazo de tener dos colaboraciones extraordinarias. Una es de un viejo amigo de El Ocho, Don Luís Núñez Ladeveze del que publicamos la segunda parte de su relato Rivera Maya. La otra colaboración es la de María Saavedra, que encuadrado en el pasado día 8 de Marzo, hace justo una semana,  nos deja un gran artículo sobre el día Internacional de la Mujer.  Lo dicho; un lujo.

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LOS MUERTOS VAN DEPRISA

Publicado por elocho en Marzo 15, 2009

LAS PERDICES POR PERCEBES

“Los muertos van deprisa; más yo creo que aun mucho más deprisa van los vivos”. Rosalía de Castro escribió estos versos que el director, Ángel de la Cruz (El bosque animado), ha utilizado para titular su última película.

 

 

los-muertos-van-deprisa-b8888888Basada en una anécdota real, cuenta la historia de un pueblecito gallego que el día del entierro de la una persona importante, llega un trailer que se queda encajado en el puente que conduce al cementerio. El entierro no se puede celebrar cuando estaba previsto y comienzan a salir al aire viejas rencillas que se mantenían dormidas. Una comedia coral que intenta reflejar problemas universales, como el amor, el rencor, las viejas tradiciones y estereotipos que se mantienen sobre las meigas y la santa compaña en pueblos pequeños de Galicia. Rodada en esa tierra y con casi todos sus actores autóctonos de allí, exceptuando a Neus Asensi, la película está grabada en castellano y en gallego, aunque, en palabras del director, “la mejor es la versión original, la del castellano”.

 

Los escenarios exteriores son todos de la población gallega donde se rodó la película, muy rurales de los que se podría haber sacado un poco más. Galicia tiene lugares verdes y que son joyas por sí mismas, que aquí no están retratados. También, puede ser, porque se han centrado más en el pueblo, pero creo que eso ha sido un pequeño error.

 

El ritmo de la película es, principalmente, lento contando con escenas que fallan en el guión. Se escribieron pensando que funcionarían con el público, pero no resulta así. Y, además, provocan una sensación de vacío al sentir que el director no ha conectado con el espectador en esos momentos.

Hay varias historias que se entremezclan y que quedan perfectamente. No descolocan al espectador en ningún momento y todas tienen su tiempo de narración. Con esto, el director, ha sabido jugar muy bien porque, en realidad, es la clave de la película: hay un detonante que hace que todo lo guardado hasta ahora en el interior de los personajes salte y se descubran sentimientos que nadie había sido capaz de expresar.

Junto a esto, también ayuda la actuación de los personajes. El principal, Filomeno (Chete Lera), es el típico gallego, tozudo, que cree que su palabra es la que vale y que tiene todo controlado, cuando en realidad hay cosas que se le escapan de la mano. Es bromista, algo que anima mucho al personaje y que le acerca más al espectador.

 

Irene (Neus Asensi) es una mujer dura, que trabaja de camionera teniendo que sortear a muchos hombres. El personaje está interpretado bien, pero al estilo Neus Asensi, es decir, el suyo propio y el de siempre. La puedes ver aquí o haciendo los mismos gestos en “Los hombres de Paco” (cuando actuaba en la serie). Es el personaje que hace de detonante de la historia que sólo sirve para eso.

Si hubiese que destacar algún papel importante, después del de Chete Lera, por supuesto, serían la pareja joven, María (María Castro) y César (Sergio Bermúdez), que son los que hacen que la película deje de ser drama para convertirla en un obra de amor con Shakespeare como director. Es verdad que tienen un problema y están metidos en un drama, pero cuando la historia llega a ellos, todo se suaviza y parece que lo importante no lo es tanto.

 

Ambientada en Galicia, juega de una forma acertada con los estereotipos de las meigas, del carácter gallego, el humor (la retranca), dejando al final una sensación de haber visto una película del montón, pero llena de bondad y ternura. Seguramente pase desapercibida para el público español, pero aquellos que la vean sentirán que la magia y todo el mundo de las meigas puede existir. Es un cuento de hadas en el que todos, en vez de perdices, comen percebes.

 

 

“Esto, va de cine!”, los lunes de 20:00 a 21:00 hora en la 99.9 FM si escucháis desde Getafe o en www.radioritmo.org.

Página web del programa: rocio30.servidorcant.com/xoops

Rocío Campos

 

 

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Burdel VII

Publicado por elocho en Marzo 15, 2009

Siento tu mano acariciando minusválidos besos.

Siendo un miércoles cualquiera en tu artística semana.

Acostado en un macabro cuarto sin espejos.

Desgarrando poco a poco los visillos de tu falda

Siendo limpiabotas de los tacones de tus sueños.

Siendo esmeraldas de tus lúcidas entrañas.

Paseándome desnudo por tus muslos de rebaja…

 
 
 
 
 
 

                        Alejandro Molpeceres

 

 

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RIVIERA MAYA (2)

Publicado por elocho en Marzo 15, 2009

RIVIERA MAYA  (desenlace)

 

 

-          Hay que ponerse el guardavidas. Ya sabe, son las reglas.

 

 

Refunfuñé molesto, pero le hice caso, aunque él no llevaba ninguno.                               

 

-          Está bien, todo sea por la concordia entre civilizaciones.

-          Me sigues, y te llevo hasta donde hay más peces. Y no toques los corales. Solo los miras, –me advirtió seriamente.

 

Nadamos los tres sobre el agua traslúcida. Los cristales de mis gafas acuáticas permitían ver el fondo con toda claridad, iluminado por la luz solar. Los vívidos colores de los peces se multiplicaban alrededor nuestro. Se deslizaban por las aguas transparentes, con tal ligereza y suavidad que a veces me parecía que, en sus acercamientos, se mofaban de los inútiles esfuerzos por alcanzaros con la mano. Llegamos hasta una inmensa  roca sumergida como un parapeto que desviaba las corrientes subterráneas. Parecía partida en dos, pero las partes estaban enlazadas justo por debajo de la superficie y se juntaban sucintamente también sobre el fondo, de manera que formaban una gran oquedad, pero no era una gruta, pues se veía el mar al otro lado de las rocas y los peces entraban y salían a uno y otro lado del orificio. Sentí curiosidad por seguir a los peces que lo traspasaban. Así que sin mediar palabra me desembaracé del chaleco protector y me sumergí. Una mano agarró con fuerza la mía. Era Marvin. Sin duda, había adivinado mis intenciones, y adelantándose a ellas, nadando a mi lado, me guiaba hacia la boca. No quería dejarme llevar de ese modo, así que nadé con energía tratando de dejarlo atrás mientras penetrábamos por la abertura de la roca. Nos rodeaba un paraíso multicolor de peces de color extravagante y formas misteriosas de plantas acuáticas. Pero ni aún la fascinación que me producía el espectáculo de los peces rodeándonos,  emergiendo por la hendidura de la roca o sumergiéndose junto a nosotros, apaciguaba mi desazón de sentirme humillado por tanta solicitud de Marvin. Conseguí distanciarle algo y me esforcé para que desistiera de seguirme. Eso me animó para proseguir con brazadas más intensas en el cristalino interior del túnel. Casi mecánicamente me despojé del bañador que entorpecía mis movimientos. Había atravesado ya gran parte de la grieta, y ya empezaba a advertir que me faltaba la respiración, cuando sentí un agudo dolor por encima de una de las rodillas. Había rozado una punta afilada de la roca. Me revolví inquieto, porque notaba que mis pulmones requerían aire. La afilada roca me había desgarrado la carne y tocado el hueso. El agua tomaba color de sol  al mezclarse con la sangre. La rodilla me dolía intensamente mientras teñía pálidamente el entorno de un color púrpura que palidecía al diluirse en el flujo marino. Con una mano tapé la herida. Y traté torpemente de nadar con la otra para salir de la oquedad. Tal vez empezaba a desvanecerme cuando vi acercarse a Ischel por el lado opuesto de la hendidura. Ala vez  que yo me revolvía esforzándome en salir de la pétrea coraza que nos rodeaba asíó la mano que me quedaba libre y tiró de ella para sacarme a la superficie. Me había desembarazado antes con enojo de la sujeción de Marvin, pero ahora no pude evitar sentirme aliviado, asido por Ischel. Boqueé para respirar intensamente al quebrar la superficie, abriendo mis pulmones a los aromas salinos y me dejé mecer sobre el agua empujado por los brazos de Ischel.

 

-          Nademos hasta la playa.

-          No sé si podré. Me hice daño con una piedra en la rodilla. Y me falta el aire.

 

Apoyada en la roca, se despojó del corpiño y lo anudó en la rodilla sangrante. La dejé hacer, sin siquiera esforzarme en desviar la mirada de su pecho incitante. Pero luego nadamos, nadamos en silencio, nadaron nuestros cuerpos bronceados, semidesnudos, acalorados y húmedos. No sé hacia dónde, ni tampoco de dónde sacaba ella la fuerza para guiarme tomándome del brazo. Pero advertía que una energía imprevisible me guiaba por las desconocidas ondas como si previera que el océano hubiera dispuesto un rumbo particular para encauzar sus rítmicos impulsos y compensar mis torpes brazadas. El agua salobre me sabía a mezcal añejo en los labios y hube de forzarme para no sorberla. Imaginé, al  amparo de aquel mar templado, animado por corrientes invisibles, que ella era una ondina protectora de la que emanaba la vida latente bajo las aguas. A veces, cuando descansaba del esfuerzo, su mano acariciaba mi rodilla contusa. Y yo me dejaba palpar y llevar mansamente, abandonando mi instinto de supervivencia a su vigor, desprovisto de voluntad y de rumbo. La ninfa me miraba de soslayo y yo intentaba retener su sonrisa enigmática mientras sentía el tierno roce de su piel junto a la mía. Cuando, tras un tiempo que no sabría concretar, me abandoné sobre la arena de la playa, oí la voz de Marvin.

 

-          Estáis desnudos.

-          Sangraba mucho y tuve que anudarle la rodilla. 

-          El agua salada le ha cortado el derrame.

-          Le quitaré el corpiño-

-          Le advertí que no se quitara el chaleco. Tuve que ir a recogerlo, -reprochó al aire.

 

Le oía distante pero no tenía ánimo ni fuerza  para replicarle. La arena olía a mezcal y el cielo me envolvía entre las sombras tenues que cercaban mi vista.

-          Se cortó con una roca, -explicó Ischel. Y colocó su mano sobre la herida, que,

tal vez, siguiera sangrando algo todavía. Mis sienes ardían bajo sus pechos castaños y sus ojos oscuros. Hubiera deseado que aquella suave caricia siguiera allí congelada por el tiempo para aliviar la irritación invisible de mi alma, pues no sentía las visibles molestias del cuerpo. Entre el movimiento ondulado de las olas y la mirada acogedora de Ischel, escuché la voz de Marvin:

 

-      Bebió demasiado de ese mezcal de tu padre que le descontroló. Le avisé que era distinto del tequila a que se estaba acostumbrado. Pero no es dócil, como otros turistas…

-      Tiene una raja profunda.

-      La limpiaré con mezcal. Tengo una botella en la bitácora.

 

Me roció con el alcohol la rodilla ensangrentada. La piel y la carne herida ardían bajo el sol inclemente y el efecto, aún más abrasador, del maguey. El aroma del ágave destilado arrullaba mis desapacibles sentimientos. La vista se me nublaba, incapaz de distinguir entre el cielo y la mar, la arena y las rocas, la cadencia de las olas y el murmullo de la brisa. A mis oídos llegaba el cíclico golpe de las pequeñas olas al precipitarse en la pálida playa, el graznido de alguna de esas aves escuálidas que semejan gaviotas y cuyo nombre nunca aprenderé y el murmullo de un hombre y una mujer que susurraban junto a mí. No sabría decir si giraba el mundo o mis sentidos febriles me lo hacían parecer, pero algo daba vueltas en mi cabeza, o tal vez fuera la cabeza que giraba, quién sabe qué.

 

-          Dejaremos que duerma.

-          Así le pasarán la ebriedad y el dolor.

 

Había dejado la botella a mi lado. La agarré insensatamente para tomar un último trago con la duda de si aliviaría o aumentaría mi ansiedad. El líquido ardiente me agarrotó la garganta y creo que después, no sé por qué orden, el mundo aumentó sus giros y envuelto en vapores, me desmayé o me dormí. Del interior del océano llegaba, alborotando mi mente, el ritmo de un ritual profano. Las cabezas de los danzarines caían rodando por las crestas de inmensas olas y los  cuerpos se amontonaban exánimes en el llano, entre el griterío ensordecedor de una multitud indígena que animaba a los jugadores de pelota a lanzarla por el agujero que conduce a la victoria. Los templos rodeados de espesura estaban abarrotados por el gentío. Algunos se descolgaban por las lianas y otros perseguían a los jugadores enarbolando lanzas que arrojaban contra ellos.

No sé cuándo ni cómo llegaron a mis oídos, entre las brumas del sueño, los gemidos, dulces o airados, no sabría decidirlo, de una mujer. ¿Una mujer? Desperecé los entumecidos miembros y abrí los ojos. Lentamente mi vista se fue acomodando al entorno del islote. Conseguí levantarme. Allí, frente a mí, dos cuerpos desnudos, arrollándose mutuamente, armonizaban sus pérfidos movimientos en una cadencia peristáltica. Ischel gemía bajo el abrazo impetuoso de Marvin. Entonces sí que advertí que mis sienes ardían. Era la fiebre que se agolpaba en mi cabeza y la ira que me cegaba y un humor salvaje que inundaba mi cuerpo y me hizo olvidar el punzante dolor de la rodilla. Ella seguía gimiendo, respirando agitadamente. Su cuerpo desnudo e inmóvil bajo el de Marvin. Los brazos rendidos y lacios. El rostro iluminado por los rayos de un sol que comenzaba a declinar por occidente. Sus ojos cerrados y la boca entreabierta, esperando acoger entre los suyos los labios del mestizo. Un dolor salvaje inundó mi ánimo antes de gritar.

 

-          Marvin, déjala, miserable.

Cesaron entonces los arrullos, y Marvin detuvo su jadeo para mirarme. Advertí que estaba sorprendido.

-          Miserable bastardo, -repetí-. ¿No sabes que es mía?

Respiró un momento. Y luego, tratándose de incorporar sobre el cuerpo de ella, me miró con parsimonia.

-          Es mi esposa, -dijo por toda explicación.

-          Mientes.

 

Antes de abalanzarme sobre él, tomé la botella de mezcal, di un golpe con ella sobre la roca, y sin dar tiempo a que reaccionara, tracé con el curvo cristal un profundo tajo en su cuello de indígena mestizo. Se llevó la mano a la herida, mientras la sangre comenzaba a manar imparable.  Me miró con ojos abiertos, estremecidos y relucientes, cuando se doblaron sus rodillas y se desplomaba en a arena:

 

-          Pirata español. Tú sí eres miserable. Es mía, es mi esposa.

 

Y quedó tendido a mis pies, con los brazos convulsos intentando asir algún trazo del cielo. Sin saber dónde mirar ni qué hacer, dejé caer, aturdido, el cristal de la botella. Apenas oí el alarido de la mujer.

 

- Maldito, maldito pirata español.

 

Confundido, junto al cuerpo caído del mestizo a mis pies, no advertí hasta que fue inevitable cómo ella tomaba el pedazo de la botella caído ni cómo, sin mediar palabra, se arrojó sobre mí. Solo sentí que la garganta se abría por debajo de la boca y que una humedad caliente y viscosa resbalaba por mi pecho mientras caía encima del cuerpo, ya inerte, del pescador.

 

Lo que vino después me resulta más difícil de comprender. Abrí los ojos al oír la voz de Pilar, mi esposa, susurrándome al oído.

 

-          Es muy tarde. Ayer dijiste que querías bucear.

 

Trataba de ordenar inútilmente mis pensamientos. Me duché y me vestí sin hablar una palabra. Comprobé que de la contusión de la rodilla apenas quedaba como rastro un raspón superficial.

 

-          ¿Te ocurre algo?

-          Estoy adormilado. No puedo pensar. Pero no me encuentro bien.

-          Es somnolencia. Se te pasará cuando salgamos.

Salimos del resort. Baldemar, mi amigo tabasqueño, y su mujer, Goli, nos esperaban en la puerta con su carro. Balbuceé un saludo.

-          ¿Te encuentras mal?, -preguntó Baldemar.

-          No he dormido bien, expliqué sucintamente.

Llegamos al embarcadero.

-          Renté una fueraborda para que vayas a esnorquear.

Esperaba en el muelle junto a la embarcación.

-          Ha pasado mala noche, -explicó Baldemar.

-          No importa. Llevo una botella de mezcal que cura los males.

Me limité simplemente a exclamar:

-          ¡Marvin!

-          No se apure pirata español. Póngase el chaleco. Son las reglas, ya sabe. Y no fuerce la bebida.

 

 

LUIS NÚÑEZ LADEVÉZE

 

 

A Goli y Baldemar, amigos de la riviera maya

               

                 

 

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Nuncá caminarás solo

Publicado por elocho en Marzo 15, 2009

You´ll never walk alone: Un acto de culto al fútbol sucede cada vez que las gradas del estadio de Anfield retumban y suena esta balada que tiene tanto de importancia, de emocional, de elogio al fútbol y de una cultura futbolística que hace que el propio Liverpool en su escudo lleve grabada la frase: Nunca caminarás sólo.

Pero esta canción ha dado muchas vueltas hasta sonar en las victorias y las derrotas, siempre, en el estadio del equipo de la ribera del Mersey.

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Originalmente la canción fue compuesta para un musical de Broadway, “Carrousel” en 1945, y el tema pegó en el público ya que la Segunda Guerra Mundial golpeo los corazones de muchas familias que o tenían familiares en los frentes, o simplemente sufrían penurias en su vida diaria, y está canción, en especial su letra que es la que le da fuerza, llegaba por su mensaje esperanzador. La canción se hizo famosa, y desde Frank Sinatra o Doris Day hasta Elvis o Cash, la cantaron e hicieron de ella un éxito en las listas. Y en 1963 un grupo de la ciudad de Liverpool,  Gerry y The Pacemakers, hizo que la canción triunfase en Inglaterra y los seguidores del Liverpool C.F la adoptaran como himno por lo unido que estaba a su sentimiento hacia el equipo de fútbol. Ahora, siempre antes de un partido suena de forma ceremonial, y durante el partido y fuera de su casa, los aficionados ‘reds’ cantan la canción como signo de fidelidad a su equipo, gane o pierda. Como curiosidad, también los fanáticos del equipo escocés del Celtic de Glasgow la tienen como himno; es habitual que se cante en graduaciones en Estados Unidos; y ha sido versionada por muchos artistas. Pero nada como escuchar a Anfield aquello de “Sigue a través del viento, sigue a través de la lluvia, aunque tus sueños se rompan en pedazos y camina, camina, con esperanza en tu corazón”. Aunque es increíble y una experiencia que convierte el ir al campo del fútbol en arte,  la versión que proponemos es una verdadera joya. Paris, 1998, con la Torre Eiffel al lado, con Levine dirigiendo la orquesta y con los Tres Tenores con sus increíbles voces, el You´ll Never Walk Alone, suena de forma emocionante y grandiosa, cantada por Pavarotti, Domingo y Carreras.

 

 

 

 

 

 

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CAEN MADRID Y ATLÉTICO; BARÇA Y VILLARREAL CUMPLEN CON SUS ‘OBLIGACIONES’

Publicado por elocho en Marzo 15, 2009

steven_gerrard

Hay cosas en el fútbol que no te las puedes creer, pero que te las esperas. Cuando un equipo no acostumbra a jugar ordenado y rápido, por mucho que lo haya hecho en dos o tres ocasiones en una temporada, ese equipo está avocado al desastre. El ejemplo es el Real Madrid. El equipo dirigido por Juande Ramos lleva once victorias, un empate y una derrota liguera desde que el manchego se hizo cargo del equipo, pero en la ida de los octavos habían caído en su propio estadio frente al Liverpool de Rafa Benítez. En Liverpool, Robben ya no era ese jugador que salvaba a su equipo en determinadas situaciones, como tampoco lo fue en la ida, la ‘mejor defensa de Europa’ no actuaba como tal, salvándose tan solo Pepe, al centro del campo le sigue faltando un extremo derecho rápido, ya que Robben en la derecha y Marcelo en la izquierda no es solución para nada, y arriba tan pronto puede salir un partidazo con Higuaín y Raúl, como puede que no les llegue ni una, como ocurrió en la primera mitad del partido de Liverpool. Luego están los desaparecidos: Sneijder, Drenthe, Van der Vaart (que juega poco y destaca menos), Faubert (unos minutos en el Bernabéu en Liga le sirvieron a Juande para ver que este chico no vale para el Madrid), Saviola…y así una lista de futbolistas que o juegan pero parece que no están o directamente no juegan nada. La compensación brilla por su ausencia en el mejor club, históricamente, del mundo. El cuatro a cero que le endosó el Liverpool, con un enorme Gerrard, un inmejorable Torres y dos grandes luchadores como Xabi Alonso y el argentino Mascherano, hizo añicos la ilusión del madridismo de vencer este año la décima Copa de Europa, como decía el ex Presidente Calderón al inicio de la temporada. El no jugar a nada, nicon Schuster ni con Juande, es lo que tiene.


El resto de equipos españoles dieron distintas caras. El Atlético de Madrid emuló al equipo de Chamartín, y cayeron también ante el Oporto, con un cero a cero en la vuelta, que, gracias a los goles en campo contrario (2-2 en la ida), hizo que el club portugués pase de ronda. Hay que señalar que el árbitro se comió un penalti a favor de los colchoneros, pero eso no es excusa para que el equipo se echase atrás y que su máximo referente en ataque junto al Kun, Diego Forlán, viese le inicio de partido desde el banquillo. En Can Barça la historia fue muy diferente. Las dudas generadas por su juego en los últimos partidos de Liga y en la ida en Lyon, donde empataron a uno, se disiparon en la vuelta desde el inicio del encuentro. Ese chico llamado Iniesta le da otro aire al equipo. Los culés vencieron por cinco a dos a los franceses y vuelven a la ilusión del triplete, que a mi modo de ver, se antoja complicado, por el cansancio acumulado esta temporada y los grandes esfuerzos que deberán hacer de aquí al mes de mayo.
La mayor alegría para todos los aficionados al fútbol español la dio el Villarreal, un conjunto humilde que, por lo general, cae bien a todos. El equipo de Castellón venció en Atenas por uno a dos, lo que dejaba inservible el empate a dos de la ida y les clasifica para los cuartos, donde esperan grandes cocos, a excepción hecha quizá del Oporto, el más ‘débil’ de los que han pasado ronda.
El próximo viernes se celebrará el sorteo, en cuyo bombo estarán: Liverpool, Manchester United, Arsenal, Chelsea, Barcelona, Villarreal, Bayern de Munich y Oporto. El Oporto es el más débil de los ocho, pero uno de los dos españoles tendrá que enfrentarse a un grande, a menos de que el emparejamiento sea entre españoles, que esperemos que no ocurra. Arsenal, Bayern y Chelsea, por juego, quizá son los más ‘accesibles’ para el Barça, aunque tendrá que tener una concentración máxima. El Villarreal lo tendrá más difícil si en el sorteo no le cae el equipo portugués, pero este mismo año ya demostraron que pueden hacerle frente a cualquiera, como se viera en la liguilla, donde empataron ambos partidos frente al Manchester United.

Rubén V.

 

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