El Oeste se impuso 146-119 al Este
El deporte americano es un enamorado de las rivalidades a cara de perro -veasé Celtics y Lakers-, de los regresos más inesperados -Michael Jordan en dos ocasiones- e incluso de las reconciliaciones más insospechadas. Esta noche medio millón de personas en el mundo vieron como Kobe Bryant y Shaquille O’Neal se fumaban su particular pipa de la paz en el All-Star de Phoenix tras cinco años de enemistad.
Todo comenzó en 2004 cuando los Lakers reunieron al mejor equipo jamás visto sobre una pista de baloncesto con la formación de los ‘Cuatro Fantásticos’ -Kobe, Shaq, Karl Malone y Gary Payton-. Todo marchaba como un cuento de adas hasta que “la mejor pareja hombre grande-hombre pequeño de la historia”, según Shaq, se enfrentó por ver cuál de los dos era mejor. Craso error. Perdieron de la forma más patética jamás vista una final de la NBA y retiraron a Malone sin su ansiado anillo de campeón.
Shaq huyó con destino a Miami con el fin de demostrarse a sí mismo que era el mejor con la consecución de un anillo, mientras que Kobe se quedó en California haciendo temblar los cimientos de todos los records anotadores establecidos por Michael Jordan.
Cinco años después ambos se reencontraron defendiendo la misma camiseta en un All-Star. “He tenido como flashbacks todo el rato cuando el se movía”, dijo Kobe cual enamorado de ‘Twister’. Shaq no se quedó corto en su cortesía con una frase que traerá cola el próximo verano, momento en el que será agente libre. “Me encantaría volver a jugar con él. Lo que paso entre nosotros fue una tontería de niños. Ahora somos adultos”, zanjó el grandullón.
El resultado de su combinación fue abrumadora para un All-Star que ya tenía este guión escrito, según criticaron muchos comentaristas de la ESPN, pero que nos engancha de forma tan estúpida como ver el Pressing Catch. Shaq y Kobe compartieron MVP y ni LeBron James, que hasta que no le dejaron como los ‘niños pequeños’ hacer su mate contra el tablero no se quedó contento, ni ‘Superman’ Howard, que recibió con ‘cañito’ por parte de O’Neal ni el ahijado de O’Neal, Dwyane Wade, fueron capaces de hacer sombra a esta pareja que proyecta un anillo en medio del romanticismo para 2011, si al gradullón les resisten las rodillas y su tentación por las hamburguesas.
En medio de la fiesta, apareció Pau Gasol, como colega de Kobe, para anotar sus primeros 14 puntos en una cita de este calibre y olvidar lo marciano que era en Houston 2006, cuando no le dieron ni un balón para que lanzara a canasta.
Shaquille, que ahora ha añadido su enésimo mote a su lista -el Padrino- para el espectador, se retracto de una frase que dijo cuando aún pertenecía a los Miami Heat. “Penny Hardaway era como Fredo; nunca tuvo ambición, Kobe era como Sonny; un hombre que quería demasiado pero cuyo orgullo le mato, Wade en cambio es como Michael; silencioso y eficaz”, comentó el pívot en referencia a la película de Coppola, su carrera y las estrellas con las que había compartido vestuario. Ayer al término del partido matizó: “Por suerte a Kobe no le han matado como le ocurrió a Sonny, sigue vivo y ahora está preparado para seguir haciendo una gran sociedad con su Padrino”.
Phil Jackson, el ayer entrenador del Oeste, prepara el escenario para el retorno de O’Neal. “Nunca he visto un tipo que jugando 11 minutos haya roto el partido con tan suma facilidad. Está claro que cualquier equipo le quiere en su plantilla”. Conclusión: Kobe y Shaq jugaran en 2010 en los Lakers y con Pau Gasol. Moraleja: “El ego te impide a veces ver como lo que dos hacen bien se convierte por separado en algo mediocre”, Woody Allen. La chulería de ambos tipos nos ha impedido ver una dinastia NBA en el siglo XXI.
Francisco Rabadán Ayllón
Especialista en NBA
Posiblemente la similitud más clara sea la que existe entre Brad Pitt, protagonista de la película, y el mismo Beckham, ambos iconos de la belleza masculina.
Desaprovechó esa ocasión, pero si no es ahora, cuanto antes debería regresar a Inglaterra, Italia o España para seguir, sobre todo, yendo convocado con la selección inglesa, donde no sólo no sobra, si no de la que es un referente. La semana pasada, llegó con el partido amistoso disputado contra España en Sevilla, a ser el tercer jugador con más partidos con Inglaterra. Un dato más que importante. Nunca se sabe que puede pasar, pero imaginemos la alineación titular actual de dos de los equipos donde ha jugado (Manchester y Madrid) y el inglés podría ser titula en cualquiera, o al menos pelear por ello. Ha pasado el tiempo, pero poco o nada ha cambiado en Beckham, tanto para bien como para mal (que hay y mucho). Pero debo admitir que para un amante del fútbol, le duele ver como pasará a la memoria más por todo lo extradeportivo, que por ser un buen jugador. Quizás, no halla sabido seguir bien los pasos que el reloj de su carrera le marcaba y desaprovechó oportunidades envidiables, que eso si, en lo económico si ha sabido aprovechar. Pero ese reloj en algún momento comenzará a correr hacia delante de una forma fugaz, no sólo en lo futbolístico si no también afectándole a su ‘perfecta’ cara y cuerpo, como a todo ser humano. Y será una lastima. Aunque de Beckham y de los que le rodean uno se puede esperar cualquier cosa, lo mismo como Benjamín Button al final empieza a ser más joven, cosa que en madurez mental no parecería ser muy difícil. Lo dicho, una lastima, pero muy curioso caso el de este David Beckham.
Esta semana se han entregado la 37ª edición de los premios TP de Oro, que concede la revista Teleprograma. Al mejor actor, los nominados eran Miguel Ángel Silvestre (Sin tetas no hay paraíso), Paco León (Aída) e Imanol Arias (Cuéntame), que fue quien se llevó el premio finalmente. Su trabajo en la serie más longeva le ha llevado a repetir el premio que ya logró en la anterior edición. En el apartado de mejor actriz, otra que repitió fue la veterana Amparo Baró, por su papel en El Internado, una de las mejores series de la televisión nacional actualmente. Baró venció a las otras dos finalistas: Carmen Machi, por Aída y Amaia Salamanca, por su papel como Catalina en Sin tetas…